26 agosto 2012
Crisis del maíz en los Estados Unidos y sus implicaciones en Panamá
22 julio 2012
Contradicciones de la oposición política panameña actual
04 marzo 2012
Reflexiones en torno a la sedición de los Ngäbes
26 febrero 2012
La sedición de los Ngäbe: la hora decisiva...
Mañana, lunes 27 de febrero, continúan las “negociaciones” del gobierno con los indígenas Ngäbe rebeldes para decidir el futuro de las hidroeléctricas en la comarca Ngäbe Buglé. La situación es muy frágil pues los indígenas mantienen su posición intransigente de no a las minas y las hidroeléctricas y, por otro lado, el gobierno tiene la responsabilidad de promover el progreso y el desarrollo sostenible del país y de todos los panameños.
En realidad, nunca hubo nada que negociar con los Ngäbe sediciosos. A estos indígenas les han lavado y llenado el cerebro con informaciones incorrectas, interpretaciones muy amañadas de las leyes comarcales y conceptos muy cerrados o extremistas sobre la protección y conservación ambiental, así como de la posesión de las tierras comarcales que habitan pero que NO les pertenecen (le pertenecen a la Nación) y el alcance de sus derechos sobre éstas, entre otros temas.
Y los gobiernos, desde hace muchos años, en lugar de aclarar las cosas con los indígenas, de una vez por todas, se han dejado llevar unos por el clientelismo político (que tanto daño ha hecho a Panamá) y otros por la política del avestruz, accediendo a las imposiciones y caprichos de los indígenas sublevados para calmar sus ánimos y evitar confrontaciones. Este enfoque ha demostrado que no funciona pues los indígenas están, cada vez, más atrevidos e impositivos, siguiendo las consignas que les han trazado e implantado en sus mentes y espíritus distintos grupos -tanto nacionales como extranjeros- que, en las tinieblas, los han manipulado desde hace mucho tiempo. Ahora resulta que el país entero está a expensas de sus antojos y cuando les da la gana cierran las carreteras y vandalizan la propiedad estatal (enmascarados como delincuentes comunes), con gran perjuicio para el país, en todos los sentidos. Ahora es mucho más difícil razonar con ellos y la situación está a punto de salirse de las manos del gobierno. Como siempre, al final tiene que intervenir la Iglesia Católica, como mediadora, lo que demuestra la inmadurez e incapacidad de la sociedad panameña para enfrentar y solucionar a tiempo nuestros propios problemas, tomando oportunamente las decisiones correctas y todos unidos por el bien de Panamá y la mayoría de los panameños… Ingenuamente, muchos panameños se dejan influenciar o llevar por sentimientos y percepciones manipuladas, en vez de enfocarnos en las estadísticas, las realidades, los hechos comprobados o en información de fuentes verdaderamente confiables…
Es importante señalar que la gran mayoría de los Ngäbes si se sienten panameños y, por ende, unidos al resto de los ciudadanos de esta Nación; esta mayoría si desea que el país avance y buscan oportunidades, educación, progreso y desarrollo para ellos y todos sus congéneres. La actitud retrógrada de los Ngäbe sediciosos los afecta directa y dramáticamente pues les cercena su derecho legítimo a aspirar a una mejor condición y calidad de vida. Los condena a una vida de limitaciones, ignorancia, pobreza y desnutrición, a una vida sin esperanzas, semi nómada, en la que solo pueden aspirar a ser peones en las explotaciones agropecuarias de Panamá y Costa Rica, todo por un mal entendido enfoque indigenista, aupado por malos panameños que solo piensan en sus intereses particulares. Es necesario que estos indígenas también eleven sus voces y se pronuncien abiertamente pero sin provocaciones, pacíficamente, para evitar conflictos internos que puedan degenerar en violencia.
Lo más triste es que ciertos comentaristas y medios masivos de comunicación están siguiendo el juego tenebroso de estos malos panameños y no están analizando a profundidad el grave daño que causan al país y a la democracia panameña. Unos lo hacen con pleno conocimiento de causa (aquellos que solo ven a través del cristal de sus intereses -particulares y/o políticos- y no les importa la democracia, el país y el pueblo); otros que, sin proponérselo, sirven a los deseos de los primeros, cuando pierden objetividad al ser seducidos por su papel de intermediadores sociales en la defensa a ultranza de los más necesitados (aun cuando, injustificadamente, pongan en peligro la estabilidad, la gobernabilidad y la democracia de Panamá); y otros, influenciados por percepciones cuidadosamente implantadas, originadas en espejismos oníricos propuestos por fundamentalistas del ambientalismo que no reconocen o no dan crédito a la filosofía del desarrollo humano sostenible que no solo considera la dimensión ambiental sino que, al mismo tiempo, reconoce las dimensiones social y económica, como componentes esenciales para un desarrollo justo y equilibrado en el tiempo. No se puede ser sostenible con un enfoque netamente ambientalista que no permita la construcción de obras que beneficiarán la sociedad y la economía del país, aun cuando existan comprobadas medidas de mitigación y remediación para la conservación, en el tiempo, del componente ambiental; tampoco se puede ser sostenible con un enfoque puramente economicista, que descuide el componente ambiental poniendo en peligro o destruyendo el patrimonio natural para su uso y disfrute por las generaciones futuras. Lo más funcional, conveniente e inteligente es un enfoque de desarrollo humano que sea capaz de armonizar los tres componentes, para ser sostenible en el tiempo. Afortunadamente, todavía quedan comunicadores sociales en general, periodistas y medios de comunicación serios y objetivos, muy comprometidos con la verdad, con el país y con todos los panameños.
Hoy, el Canal 35 de la televisión nacional (PLUS), que apoya los esfuerzos del gobierno, acusó directamente al Ministro de Comercio e Industrias, Ricardo Quijano, de las dos muertes acaecidas durante los cierres de calles por los sublevados indígenas, de haber creado el problema con los Ngäbes sediciosos y del fracaso de las negociaciones. Son acusaciones muy serias, que se salen de todo contexto. Estas actitudes ambiguas, inconsistentes, son las que, precisamente, hacen enorme daño a la psiquis de la sociedad panameña y al país y lo que traen es gran confusión. Como se ha señalado en estas líneas, la estabilidad, la paz, la gobernabilidad y la democracia de Panamá NO SE NEGOCIAN con nadie. Hay que pensar que el Ministro Quijano, habiendo el equipo de gobierno realizado grandes esfuerzos en lograr que a Panamá se le haya otorgado el grado de inversión por las principales calificadoras mundiales (lo que es muy difícil de alcanzar) y en defensa de la designación de Panamá como uno de los principales destinos turísticos del mundo por el prestigioso New York Times, entre otros logros importantes, se rehúse responsablemente a aceptar el vulgar chantaje de los Ngäbe sediciosos y el emplazamiento que le han hecho a Panamá y al resto de los casi cuatro millones de panameños, que si amamos este país.
Si el gobierno, con toda razón, no accede a las demandas sin sentido de los indígenas sediciosos y estos mantienen su posición de intransigencia, otra vez vendrán los intentos de cierres de calles y de vandalizar las propiedades estatales, con los enormes perjuicios que esto causará a la población, a la empresa privada, a la economía y al prestigio del país. Los resultados son impredecibles y podrán ser aprovechados por todos los que se oponen al gobierno actual, especialmente por aquellos que desean ardientemente el caos general y el retorno a la dictadura. Que el pueblo panameño no se deje engañar… Que apoye sin condiciones el mantenimiento del orden establecido y la gobernabilidad del país. Que le de un si rotundo al progreso y al desarrollo sostenible de la nación, que incluye el uso racional de los recursos naturales en beneficio de todos los panameños…
20 febrero 2012
La estrategia de la insurgencia Ngäbe
Dicho y hecho…La consigna de los indígenas de la etnia Ngäbe es dilatar lo más posible cualquier acuerdo con el gobierno, para subvertir el orden público e incitar a la sedición general. Es un plan bien concebido por quienes están detrás de los indígenas sediciosos para tomarse el poder pues la ambición desmedida y el deseo de poder de estos grupos está por encima de la Patria. El pueblo panameño tiene que abrir bien los ojos y leer entre líneas, no sea que éstos apátridas y sus secuaces destruyan todo lo que se ha logrado en los pocos años de democracia que llevamos. El gobierno tiene que pararse firme, mantenerse dentro del orden constitucional y no permitir que los sediciosos ni nadie lo altere, poniendo en peligro la democracia que ahora disfrutamos y que tanto sufrimiento y vidas costó. Quien diga que ahora en Panamá no hay democracia ni libertad de prensa, está hablando de otro país o de un Panamá en otra dimensión.
Ya falta poco para que los Ngäbe sediciosos le mienten la madre, en buen panameño, al Presidente de la República, aprovechando los medios de comunicación masiva que cubren los incidentes. Le han dicho casi de todo, con un lenguaje soez y un irrespeto sin límites que ya es chocante. Esto indica la falta de nivel, la falta de educación y de clase de estos indígenas sediciosos que, ciertamente, no representan a la mayoría de los Ngäbe. A través de los medios se escuchan las demandas de las autoridades comarcales y de jóvenes indígenas sediciosos que, en abierta insurgencia, insultan al gobierno, especialmente al Presidente de la Nación, que fue escogido por abrumadora mayoría popular (con excepción de la comarca Ngäbe Buglé, donde el actual Presidente perdió ampliamente), con toda suerte de improperios y amenazas. Luego, contradictoriamente, exigen que se les respete. Incluso, la cacique ha manifestado abiertamente que el documento firmado, que contiene el acuerdo alcanzado hasta este momento, es un simple papel, indicando con esto que no necesariamente lo acatarán. ¿Acaso no es esto una muestra fehaciente de que solo están ganando tiempo para las siguientes etapas de su tenebroso plan y se burlan del gobierno y el pueblo panameño? ¿Qué otra prueba se necesita para que el gobierno y el pueblo panameño tomen conciencia de la peligrosa situación en que se debate el orden establecido, la gobernabilidad y la democracia panameñas? ¿Y qué de la imagen que está proyectando el país cuando un pequeño grupo de indígenas sediciosos, manipulados por mentes torcidas, es capaz de hacer tambalear los estamentos sociales e institucionales y todo el país? Esto está programado por los verdaderos autores intelectuales de este desafuero, que pretenden romper el orden constitucional para tomarse el país, imponer sus ambiciones y no tener que esperar un nuevo período electoral, como es normal en un sistema democrático bien establecido. También por los que, irresponsable y criminalmente, quieren pescar en río revuelto para obtener provecho de esta grave crisis nacional.
Es algo increíble que la gobernabilidad, el progreso y el futuro de Panamá puedan ser vulnerados tan fácilmente. Esto pone de relieve la fragilidad de nuestras instituciones y la inmadurez del pueblo panameño que, en general, es fácil y rápidamente seducido por sentimientos y percepciones -sujetas a manipulación- y no por hechos o realidades (ver en este Blog: Consolidación de la Nación Panameña y de la Panameñidad, julio 2006; ¿Qué queremos los panameños para Panamá?, mayo 2007). Si el país cuenta con una flamante Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), que hace tiempo debió ser elevada al rango de Ministerio, sus estudios de impacto ambiental deberían ser reconocidos por su seriedad e idoneidad a toda prueba. Y si en el país no existieran especialistas verdaderamente idóneos y reconocidos en medir los impactos de la minería y la construcción de hidroeléctricas, estos deberían ser contratados. De este modo se contaría con los mejores diagnósticos posibles y con las más eficaces medidas de mitigación que harían sostenibles ciertas operaciones mineras y la construcción de hidroeléctricas, que fueran aprobadas por los estudios realizados por los consultores contratados, utilizando metodología científica y tecnología de punta.
En Panamá, actualmente, casi todo el mundo es especialista o experto en mediciones de impacto ambiental, lo que significa que no hay confianza en la ANAM. Hay abogados, arquitectos, biólogos generalistas, agrónomos y otros profesionales que han participado en uno o más cursillos de medición de impactos ambientales para obras pequeñas de impactos fácilmente medibles que, en verdad, no están capacitados y mucho menos están calificados para evaluaciones de grandes magnitudes, como las de la minería y la construcción de hidroeléctricas, que requieren de una estimación de impactos ambientales rigurosamente científica y profunda. Sin embargo, son considerados los grandes expertos y hablan por los medios con gran probidad y autoridad, creando gran confusión en la sociedad. Estos “expertos” saben de todo: de biología marina, de minería, de hidroeléctricas, etc.. Estas son evaluaciones muy sensibles y hay que dejarlas en manos de verdaderos profesionales en la materia.
Si un estudio de impacto ambiental verdaderamente científico indicara que, por el nivel de impacto, no es conveniente una explotación minera o la construcción de una hidroeléctrica, en una ubicación específica, el gobierno de turno estaría obligado a acoger la recomendación; caso contrario, el gobierno tendría luz verde para proceder a la construcción, con la implementación de las medidas de mitigación recomendadas para que la operación de la hidroeléctrica sea sostenible en el tiempo; o sea, contaría con toda la autoridad constitucional para ejecutar la obra. No debería haber cuestionamientos al respecto, ya que se trata del progreso del país y de la mejora de la calidad de vida de todo el pueblo panameño. Parte de los argumentos que enarbolan los Ngäbe para oponerse a la construcción de las hidroeléctricas, son: que el gobierno planea comercializar parte de la producción (asumen que, entonces, no se requieren las hidroeléctricas) y que la empresa de un pariente del Presidente está aspirando a que se le adjudique la construcción. Al respecto, si hay excedentes en la producción de energía eléctrica, en un momento dado, ¿qué tiene de cuestionable que se vendan, hasta que el propio desarrollo del país los demande? También señalan que un familiar cercano del presidente es dueño de una de las empresas constructoras proponentes. Si esto no es permitido por la Ley, simplemente, no podría participar; si es permitido, no tiene sentido protestar. Así de sencillo. Todo se basa en la Ley vigente y es encomiable que la ciudadanía esté pendiente de estos detalles.
En fin, el gobierno tiene que asumir su rol en esta crisis y preservar su autoridad constitucional y la gobernabilidad del país, tomando las decisiones que sean correctas, sin ceder ante la presión de los Ngäbe sediciosos y sus cómplices intelectuales, de algunos políticos de oposición y de otros actores que actúan desde las sombras. La ciudadanía tiene que respaldar las decisiones del gobierno, en defensa del orden establecido, de la institucionalidad, de la estabilidad, de la gobernabilidad y de la democracia. Jamás se puede permitir que estos malos panameños echen por tierra todo lo que se ha logrado desde 1989, cuando la oprobiosa dictadura militar llegó a su fin. Los miles de Ngäbe que no apoyan la sedición deben organizarse y manifestarse ante la faz del país pues sus congéneres sediciosos están bloqueando su derecho a disfrutar de una mejor calidad de vida y a progresar.
12 febrero 2012
La Sedición de los Ngäbe: preludio de una desgracia
Panamá está al borde de una desgracia de proporciones desastrosas. Las negociaciones del gobierno con los Ngäbe, para resolver la crisis actual y devolver la tranquilidad y la normalidad al país, están a punto de fracasar. Los Ngäbe mantienen su postura intransigente de no permitir las explotaciones mineras ni la construcción de dos hidroeléctricas en territorios comarcales o sus alrededores. El gobierno ya ha agotado casi todas sus opciones y se aproxima a una coyuntura crucial: o acepta la imposición de la minoritaria etnia Ngäbe o impone su autoridad constitucional para proseguir con los planes de desarrollo nacional y construir las dos hidroeléctricas que necesita el país para reducir los costos de producción de la energía eléctrica con una alternativa limpia y sostenible (en contraposición al costoso y contaminante “bunker” derivado del petróleo) y el costo del suministro a las industrias, empresas y a la población en general, que mejorará la calidad de vida de todos los panameños.
De ocurrir lo primero, el gobierno perderá toda su autoridad y legitimidad, quedando el país en las manos de esta minoría ignorante y, principalmente, de quienes están detrás de ellos engañándolos con sueños de opio, haciéndoles creer que tienen la razón, que hacen bien, que están en su justo derecho de alterar el orden público, inflamándoles el ego e instándolos a la sedición en contra del orden establecido y de la Nación (si el gobierno sobrevive esta crisis tendrá que hacer una investigación prolija para llegar hasta el fondo de este oscuro y peligroso asunto y llevar a la justicia a quienes estén implicados, sean quienes sean). Luego de su triunfo, los Ngäbe lograrán lo que quieran del gobierno mediante el chantaje, so pena de cerrar las calles, incendiar o destruir las propiedades del Estado o paralizar la agricultura de Chiriquí (al suspender las labores de su mayoritaria fuerza laboral en el sector agropecuario chiricano), entre otras “bellezas”.
Por otro lado, si el gobierno impone su autoridad constitucional, pensando en el bien común, en la inmensa mayoría de los panameños, que es lo correcto, aprobará la construcción de las dos hidroeléctricas en el territorio comarcal. Lo que ocurrirá es impredecible y de proporciones incalculables, ya que el gobierno, pensando en la anterior crisis de Bocas del Toro en el año 2010 (también manipulada tras bastidores), actuó muy tarde y dejó que se desbordaran las pasiones contribuyendo, sin querer, al éxito de esta planificada operación de sedición cuyo objetivo es colapsar el orden público, el gobierno actual, la democracia y la Nación.
El mejor de los escenarios sería que los Ngäbe entendieran que el bien común está por encima de todo, acataran la decisión del gobierno, se replegaran a su comarca, se iniciara la construcción de las obras y el país recuperara la paz y la normalidad (los milagros existen). Esto sería más probable si los indígenas Ngäbe estuvieran solos en este proyecto fatídico pero, lamentablemente, no es así. Sin embargo, es justo señalar que hay muchos indígenas de esta etnia que no están de acuerdo con la posición intransigente de sus paisanos y líderes pero no osan expresarse o actuar por temor a las represalias. El escenario intermedio sería que los Ngäbe sediciosos vuelvan nuevamente a las calles a trastocar la convivencia pacífica, la economía nacional y la imagen mundial de Panamá (que tanto tiempo y recursos ha costado levantar y establecer) teniendo el gobierno que reprimirlos con mayor uso de la fuerza -quizá con algunas víctimas fatales adicionales e, incluso, en ambos lados- terminando todo con el arresto masivo de estos indígenas y de algunos de sus líderes más beligerantes. El país volvería a la calma, el orden constitucional sería restablecido y los proyectos para el progreso del país y de todos los panameños serían iniciados sin más problemas. El peor escenario sería que los Ngäbe, mal aconsejados, declaren la guerra al gobierno y enfrenten con violencia a la Policía Nacional y, más adelante, a cualquier panameño que no sea de la etnia, perdiendo el gobierno el control de la Nación. Podría ocurrir un innecesario baño de sangre del cuál serán responsables, principalmente, los autores intelectuales de esta insensatez que, tarde o temprano, serán descubiertos. El desenlace final podría culminar con la renuncia del actual Presidente Constitucional de la República (que es lo que esperan los verdaderos cerebros de esta intriga, no siendo casual que la oposición haya estado señalando consistentemente, como excusa para preparar el terreno hacia el poder, que el gobierno actual pretende establecer una dictadura de partido) o en un golpe de Estado (como ya ha sucedido en Panamá, por razones algo similares, en el corto tercer período constitucional del Dr. Arnulfo Arias Madrid, en 1968, que permitió la instauración por la fuerza de una larga dictadura militar de 21 ominosos años de duración y de los que, social, educativa y espiritualmente Panamá aún no se ha recuperado) y en el consecuente establecimiento de un gobierno de transición (este es el resultado que menos desean algunos de los conspiradores). Al final, es la democracia en el más amplio sentido y el futuro de Panamá, lo que está en juego en estos momentos.
¿Es esto lo que desea la mayoría de los panameños trabajadores y honestos? Algunos dirán que estas no pasan de ser meras suspicacias. Sin embargo, en la oposición hay “cabezas calientes” que hacen mucho énfasis y alardes, en los discursos y entrevistas que ofrecen, del apoyo irrestricto que dan a la “nación Ngäbe”, indicio claro de lo que se está tramando y está a punto de fraguar…
Los panameños sensatos y trabajadores, que verdaderamente soportan sobre sus hombros este país y son la inmensa mayoría, tienen que despertar del letargo en que están sumidos y manifestar abiertamente su desacuerdo con la absurda y obtusa posición de los Ngäbe, dirigida por sus ocultos padrinos. Tienen que dar la cara en apoyo a la institucionalidad y la democracia.
El gobierno debe mantenerse firme y prepararse para lo peor. Las decisiones tendrán que ser tomadas pronto y ser aplicadas con rigor, evitando en lo posible, las confrontaciones, pero con la decisión no negociable de salvaguardar nuestra estabilidad y democracia, en beneficio de la mayoría del pueblo panameño. Si es posible, deben invitarse observadores internacionales que atestigüen los hechos para evitar sanciones injustas a un país que lucha con ímpetu para desarrollarse. Las decisiones deberán tomarse antes del inicio de clases de los colegios secundarios para evitar situaciones peligrosas o extremas causadas por pequeños grupos de docentes mediocres y sin escrúpulos, así como de estudiantes de la ultra izquierda y otros que no saben leer entre líneas y, también, están siendo manipulados.
Que Dios proteja y ayude a Panamá y se llegue a un consenso que satisfaga los intereses de la mayoría de los panameños. ¡¡¡Amén, que así sea!!!
03 febrero 2012
La Sedición de los Ngäbe
¿Cuál es la verdadera génesis de la seria crisis que está experimentando el país? Se dice que es la negativa de los indígenas Ngäbe Buglé frente a la explotación minera y la construcción de hidroeléctricas en la comarca. Esta es, apenas, la punta del “iceberg”. Al respecto, la construcción de hidroeléctricas es un asunto de importancia vital para el progreso y desarrollo de la Nación y su ubicación no es por capricho si no que obedece a requerimientos técnicos. Por otro lado, la comarca Ngäbe Buglé -así como ninguno de los otros territorios comarcales- no es un país independiente y está completamente sujeta a la Constitución y las leyes panameñas. Siempre que el gobierno de turno garantice la justa indemnización y nueva ubicación adecuada, tiene toda la autoridad para proceder, después que todo se haga dentro del marco legal. Por otro lado, las explotaciones mineras deben prohibirse si no se demuestra que son responsables y sostenibles. Lo contrario, si se demuestra ante la faz del país que puede realizarse una explotación minera específica con responsabilidad, con las debidas medidas de remediación y con sostenibilidad, los ambientalistas de extrema y demás opositores que tienen engañados a los indígenas, deben ser honestos y ser los primeros en aceptarlo. Una explotación minera responsable y sostenible debe producir progreso en la comunidad donde se realiza, lo cuál sí es responsabilidad del gobierno de turno. La verdadera génesis de la crisis actual es, principalmente politiquera, con algunos matices ambientalistas impulsados por extremistas y mercenarios ambientalistas que solo ven en blanco y negro, siendo “blanco” la cero acción y “negro” cualquier intento de actividad que interactúe con el ambiente. Esta es una posición muy cómoda e irresponsable pues todas las actividades del ser humano, por muy discretas que sean, tienen un impacto ambiental medible. Lo inteligente es la implementación de una gestión ambiental responsable y equilibrada, con sostenibilidad en el tiempo, que sea compatible con el justo y necesario progreso humano. Por otro lado, a nadie escapa que uno de los principales ingredientes políticos de esta crisis se llama “Sala Quinta”. Y es que la oposición y la ultra izquierda en general ven la sombra de la re elección por todos lados y con mucho temor. No hay que temerle a la re elección pues, al final, es el pueblo el que decide con sus votos, con base en el desempeño de un gobierno, si merece o no continuar en el poder.
Los cierres de la carretera Panamericana en la provincia de Chiriquí, en puntos estratégicos de la provincia de Bocas del Toro y en otros puntos del país, a lo largo de esta vital arteria, ocasionados por los indígenas Ngäbe Buglé, están causando grandes complicaciones y pérdidas a muchos productores agropecuarios, agro empresarios, empresarios en general, transportistas, enfermos, estudiantes, ciudadanía en general y turistas locales y extranjeros, solo para citar algunos grupos de afectados. Panamá y su imagen están siendo gravemente dañadas, a escala global, luego de haber obtenido, recientemente, una destacada mención internacional entre los mejores destinos turísticos del mundo, la calificación de grado de inversión por las tres principales calificadoras de riesgo del mundo, una de las tasas de desempleo más bajas del continente y el mayor crecimiento económico de toda América Latina. Los perjuicios son enormes para el país no solo para el gobierno de turno. A estas alturas de la crisis, no habrá un ganador ni un perdedor. Son todos los panameños los que perdemos, es Panamá la que pierde, es la democracia la que está en la cuerda floja...
Ya se está haciendo una mala y detestable práctica que ciertos grupos políticos (como la ultra izquierda y un sector de la oposición partidista), ambientalistas extremistas o mercenarios y de ONG's sin patria y sin ley -que solo piensan en desestabilizar al país para lograr sus viles y mezquinos intereses y acceder al poder- utilicen y se escuden cobardemente en la etnia Ngäbe Buglé y sus líderes, manipulándolos inmoralmente para su propio beneficio y en detrimento de los propios indígenas que aseguran proteger, así como de Panamá. Cada vez que se les antoja, especialmente cuando el país obtiene avances o logros importantes, movilizan a estos indígenas, a través de sus líderes, y los utilizan como "carne de cañón" para provocar al gobierno, hacer que cometa errores, buscar víctimas fatales para convertirlas en mártires y avanzar en sus diabólicos propósitos.
En un país tan pequeño como Panamá, fue un error político muy grande o -quizás- un frío cálculo político, la creación de grandes territorios comarcales con la supuesta intención de conservar la pureza de las tradiciones indígenas y su sostenibilidad (la Comarca Ngäbe Buglé se creó mediante la Ley 10 del 17 de marzo de 1997). La realidad ha demostrado cuán equivocados estaban o, en el peor de los casos, cuán bien calcularon al crear este “Caballo de Troya”. ¿Que beneficios ha obtenido el país con esta acción? Ninguno positivo. Los indígenas siguen en la miseria, siguen en la ignorancia, han sido aislados del resto del país en los territorios comarcales (lo cuál es una verdadera segregación racial) y se han creado territorios comarcales con regímenes especiales, como si fueran varios países dentro del pequeño territorio panameño. Es más, los indígenas son panameños especiales, con más privilegios que los demás nacionales, que pueden -por ejemplo- tener terrenos y fincas dentro de la comarca y fuera de ella, cosa que a la inversa no le es posible a ningún otro panameño; al parecer, piensan que no tienen deberes con Panamá ni se sienten identificados con la nación, a menos que sea para exigir sus derechos indígenas y sus egoístas demandas. Lo más recomendable en el futuro, con la ayuda de los gobiernos de turno (una ayuda que no represente una limosna proselitista como repartir comida, ropas, insumos agropecuarios), sería educar a los indígenas en diferentes profesiones técnicas y universitarias, a través del ofrecimiento de becas, con el fin de que se integren plenamente a la sociedad panameña y se sientan parte de ella. Esto, para nada, implica la pérdida de sus tradiciones culturales...Es la única manera de que puedan salir de la ignorancia y la pobreza endémica que los aqueja y puedan contribuir al desarrollo del país...
Parece ser que a los grupos políticos y ambientalistas, así como a las ONG's involucradas, les conviene que los indígenas continúen perpetuamente en la miseria y la ignorancia pues así ellos podrán seguir recibiendo donaciones y apoyos millonarios de los países ricos y de organizaciones internacionales, dizque para "ayudarlos" a mejorar su condición de vida. Sin embargo, los indígenas continúan igual o peor que al inicio, luego de poco más de un siglo de vida republicana.
Lo más triste es que grupos de educadores, estudiantes, sindicatos y muchos otros ciudadanos -que no analizan bien lo que está sucediendo y lo que verdaderamente está en juego o, simplemente, tienen aviesos intereses políticos y económicos muy por encima de la patria- apadrinen irresponsablemente a la minoría Ngäbe aún en contra de la estabilidad, la seguridad jurídica y la democracia del país, más que del gobierno de turno. Los panameños que de verdad quieren este hermoso país, saben que todo es un bien organizado complot sedicioso para sembrar la anarquía y acabar con el orden establecido, apoderándose del poder, en momentos en que nuestro país es (o era) un modelo internacional en muchos aspectos. Incluso, hay algunos periodistas que también se están haciendo eco de este nefasto proceder y son cómplices a través de sus comentarios velados y sus insinuaciones maquiavélicas que, en lugar de contribuir al establecimiento de la paz, lo que intentan es enardecer los ánimos en contra del orden establecido. Y toda esta debacle sucedió en una semana…
No se puede permitir que esto se alargue por más tiempo. No es posible que una minoría insensata e ignorante (textualmente expresado y sin ninguna otra connotación) destruya Panamá, siguiendo tenebrosas consignas de cerebros podridos que, tras bastidores, cobardemente, conspiran contra el país, ante la pasividad absoluta del resto de los panameños que son los que incansablemente aportan al crecimiento y desarrollo de la Nación. Hay que terminar con este movimiento de sedición, por las buenas, si se puede, por las miles de familias panameñas que, con denodado esfuerzo y dignidad, son el nervio y motor de la Nación…Y, si no se puede por la buena (la razón, el diálogo, la concienciación, la concertación) habrá que utilizar todos los medios y dispositivos de que disponen las autoridades para aplicar la Constitución y las Leyes y salvaguardar el orden público, la convivencia pacífica y la estabilidad, la seguridad del Estado y el progreso de la Nación. Cuando se llegue al término de la actual gestión gubernamental habrá otra oportunidad de elegir un nuevo Presidente (y, quizás, en un futuro no lejano, de volver a elegirlo), ya sea del partido político actualmente en el poder o de cualquier otro...Mientras tanto, el Presidente Martinelli y su equipo de trabajo deberán seguir tratando de impulsar a Panamá hacia niveles nunca antes alcanzados en la historia nacional y la oposición debería, responsablemente, mantenerse en actitud vigilante, apoyando las buenas propuestas e iniciativas del gobierno, aportando ideas positivas para una mejor toma de decisiones y recomendando opciones para corregir errores que se cometan. Esto si sería aportar patrióticamente al desarrollo de la Nación, esto si sería un signo inequívoco de madurez política, es la verdadera democracia y lo que el pueblo panameño espera de sus políticos...
Hay que darles un rotundo NO a esos malos panameños, hipócritas, que no pueden ni saben vivir en democracia. La democracia, como filosofía política, exige responsabilidad de todos o de la gran mayoría para mantener un clima adecuado que sea sustrato fértil para la libertad, la dignidad y el progreso sostenible de la Nación y de todos los panameños…
02 marzo 2011
Futbolista Luis Moreno y el incidente de la lechuza
En vista del exagerado despliegue internacional que se le ha dado a lo acontecido, se hacen los siguientes comentarios:
1) En primer lugar, NUNCA DEBIÓ permitirse el vuelo de la lechuza sobre el campo de juego, en medio del fragor de un partido de fútbol profesional, por el peligro potencial que esto podía representar para el ave. Si las autoridades colombianas de ambiente o de protección de animales desean aplicar sanciones al jugador Moreno, también tendrían que aplicar las mismas a quienes permitieron el arriesgado vuelo del ave en ese momento (aparentemente, era una tradición local). La justicia verdadera tiene que ser aplicada a todos los involucrados en el hecho. Es justo, ¿no?
2) El término patada, para alguien que no haya visto el ya famoso video, puede ser interpretado como una agresión brutal y con saña contra la lechuza. Todas las personas razonables saben que esto no fue así. Moreno trató de sacar al ave del área de juego, para evitar que algún jugador la pisoteara accidentalmente y la destrozara de verdad. Quizá no se atrevió a tomarla con sus manos, previendo que el ave pudiera atacarlo y la empujó con su pie pero NO LA PATEÓ CON FUERZA. Si lo hubiera hecho, habría roto todos los huesos del animal y este habría muerto inmediatamente. El examen veterinario reveló que el animal NO TENÍA NINGÚN HUESO ROTO. Es más, el ave se recuperó y se pensó que podía ser dada de alta pero murió poco después, desafortunadamente, debido a una miopatía por captura, según el dictamen del médico veterinario que atendió el caso.
3) Hay que recordar que, antes de la desafortunada intervención del jugador Moreno, la lechuza recibió un fuerte balonazo que la dejó completamente atontada y tendida en el campo de juegos. ¿Ya los acusadores olvidaron esta parte? Entonces, también hay que señalar la irresponsabilidad de permitir el vuelo del ave en pleno partido, sabiendo lo peligroso que esto podía ser para el animal, como quedó demostrado. Aqui no vale eso de que "cada vez que el ave sobrevuela el campo el equipo Junior gana el juego". Si castigan a Moreno, también tendrían que castigar a quienes permitieron que el ave sobrevolara el campo de juego, los verdaderos culpables.
4) Ciertamente, los medios masivos de comunicación han dado a este incidente un destaque internacional completamente desproporcionado, que no va de acuerdo con lo sucedido. Han satanizado al jugador Moreno al punto que pareciera que hubiera cometido un crimen de lesa humanidad, como a diario si cometen abiertamente muchos "líderes" políticos o de movimientos extremistas de algunos países de nuestro planeta, que asesinan vilmente a sus compatriotas con el único fin de mantenerse en el poder o desestabilizar al gobierno de turno. Ante esta triste realidad, ¿dónde están los hipócritas que han hecho de este incidente de la lechuza un escándalo de proporciones internacionales?
5) Ya el jugador Moreno pidió disculpas y ofreció sus explicaciones al respecto. ¿Qué más puede hacer? ¿Qué más quieren? ¿Destruir su carrera? Hay un interés malsano y/o una cultura de violencia en la mente de quienes festinan con esto. En las páginas de ciertos diarios colombianos e internacionales que han publicado esta BASURA periodística, hay quienes han señalado que Moreno debe ser linchado, que es un animal, que es un maldito, que es un ignorante y un largo etcétera de epítetos injustos y denigrantes. Incluso, ha recibido amenazas de muerte a través de algunas redes sociales, razón por la cuál su familia está sumamente preocupada. Hay que poner un alto a esta actitud negativa, peligrosa e irresponsable, especialmente a través de la intervención de los periodistas serios y objetivos que, gracias a Dios, son la gran mayoría.
6) Por último (no porque Moreno sea panameño, igual que el autor de este Blog), hay que detener, inmediatamente, esta vorágine insensata. Moreno, en el peor de los casos, debería recibir algún tipo de advertencia o amonestación leve y ya. Él no es un maleante, ni un asesino, ni un traficante de drogas o armas y tampoco ha infringido (que se sepa) ninguna norma futbolística, ni nada por el estilo. Si quieren sancionarlo, que lo hagan, pero que sea una sanción proporcional con lo sucedido que, dicho sea de paso, no fue realizado de forma premeditada ni con alevosía. Pero, si Moreno es sancionado, quienes permitieron el vuelo del ave sobre el campo de juego, los verdaderos responsables del triste incidente, también deben recibir una sanción similar.
05 noviembre 2009
Crisis actuales en la República de Panamá: ¿qué nos pasa a los panameños?
En este artículo se comentan algunos temas que requieren ajuste, lo antes posible, para que Panamá se inserte entre las naciones emergentes con un alto índice de desarrollo humano para satisfacción y honra de todos los panameños y de aquellos que han elegido a Panamá para vivir.
La actitud cómoda e irresponsable del ciudadano panameño común o la falta de consciencia social:
Muchos panameños creemos que somos el centro del universo y que todo gira alrededor nuestro. No nos importa con los demás y pensamos que todos deben rendirnos pleitesía. Por ejemplo, caminamos descuidadamente por una transitada calle, pensando que son los conductores de vehículos los que tienen que tener cuidado de no atropellarnos, como si no fuéramos a ser nosotros los afectados directos. Los conductores, en general, conducen, al mismo tiempo, de manera agresiva e inconsciente, poniendo en peligro su seguridad personal y la de terceros. Muchos conductores de autos particulares, por ejemplo, se estacionan en los estacionamientos exclusivos para discapacitados sin importarles los inconvenientes que pueden causar a estos ciudadanos con su deleznable acción. Si un ciudadano les llama la atención, lo insultan, en vez de reconocer su error y corregirlo inmediatamente. En las barriadas hay muchos moradores inconscientes que tiran su basura (latas, botellas, desechos orgánicos, llantas, colchones, estufas, refrigeradoras, etc.) en los ríos, quebradas o lotes baldíos aledaños, contaminando los cauces, causando el desbordamiento en las épocas lluviosas, creando focos de infección de enfermedades y criaderos de mosquitos (incluyendo el causante del dengue clásico y el hemorrágico). Sin embargo, el ciudadano panameño común continúa ensuciando todo a su alrededor y piensa que a él nada le va a afectar. La actitud correcta es quemar o disponer adecuadamente de aquella basura que se genera en cada hogar o empresa y no es recolectada por el sistema estatal de recolección, para evitar la proliferación de plagas y enfermedades y el afeamiento de la ciudad.
Qué bonito sería que todos los panameños tuviéramos consciencia que vivimos en sociedad y que, por lo tanto, nuestras acciones afectan directa o indirectamente a terceros. Por esta razón, tenemos que ser cuidadosos y considerados con todo lo que hacemos y decimos. Esta actitud positiva mejoraría la convivencia humana y crearía una cultura de responsabilidad social y de colaboración ciudadana.
¿Cómo abordar el problema? A través de la educación en el hogar y en la escuela primaria y secundaria. El Estado y la Sociedad Civil tienen que crear programas y proyectos con el fin de concienciar y educar a los padres de familia para que puedan orientar adecuadamente a sus hijos, enseñándoles lo negativo de tener una actitud cómoda e irresponsable que lleva a desconocer que nuestras irresponsabilidades afectan a los demás. El Ministerio de Educación, por otro lado, tiene que incluir en su programa de educación primaria y secundaria materias que promuevan una actitud cívica correcta en los niños y jóvenes ya que es en esta etapa del desarrollo humano en que es más importante adquirir estas actitudes sanas y correctas.
El transporte público:
Nada más puede añadirse sobre el infrahumano sistema de transporte público del área metropolitana de la ciudad de Panamá, si es que puede considerarse un sistema, que no se haya dicho ya. El pueblo panameño que vive en el área metropolitana o áreas aledañas sufre a diario los rigores de tan pésimo transporte público que incide directamente en su calidad de vida. El gobierno actual tiene planes para la construcción de un metro durante su período de gestión y para el diseño e implementación de un nuevo y verdaderamente moderno sistema de transportación pública que sea eficiente, digno, económico y sostenible en el tiempo.
Sería excelente que, hacia el cuarto final de la actual gestión de gobierno, el ciudadano del área metropolitana de la capital pudiera contar con la primera etapa de este moderno sistema de transporte, elevando su calidad de vida de forma importante (sin tener que madrugar para llegar a su puesto de trabajo, sin tener que someterse al indigno apiñamiento físico en los actuales “diablos rojos”, ni al alto riesgo que representa utilizar este servicio.
¿Cómo abordar el problema? Desde ya el gobierno de turno tiene que implementar cambios radicales que mejoren la eficiencia y calidad del transporte público actual. No se debe esperar a inaugurar el metro y el nuevo sistema de transporte dejando al pueblo expuesto por tres o cuatro años adicionales de problemas y sufrimiento. Sería una excelente inversión si el gobierno contratara los servicios de algún reconocido experto internacional en transporte que logre mejoras significativas en la eficiencia y calidad del actual y contribuya a diseñar el nuevo y moderno sistema, en consulta permanente con el gobierno y los usuarios.
La vialidad en el área metropolitana de la ciudad de Panamá:
Actualmente, el tránsito vehicular en el área metropolitana de la ciudad de Panamá y zonas aledañas es inviable y estresante. Obviamente, el pésimo transporte público actual contribuye a esta inviabilidad, aunque las causas son múltiples, entre ellas la falta de una cultura vial en la ciudadanía, la actitud cómoda e irresponsable de un gran sector de la ciudadanía, la falta de normativas de tránsito modernas y claras, la falta de un sistema de ordenamiento del tránsito científico y eficiente y la red vial obsoleta y -hace tiempo- colapsada, entre las principales. No han sido suficientes algunos cambios modernos de introducción relativamente reciente como los corredores norte y sur (en los que, contradictoriamente, también hay cuellos de botella y espectaculares tranques vehiculares), el puente Centenario, la Cinta Costera y el paso vehicular elevado que une la vía de acceso al puente Centenario con la Avenida de La Paz, sobre la Avenida Ricardo J. Alfaro, mejor conocida como “Tumba Muerto”. El gobierno actual tiene que resolver este problema para que la moderna área metropolitana capitalina sea viable para los ciudadanos (que se desplazan hacia sus trabajos, hacia sus hogares, a realizar cualquier actividad o trámite), los transeúntes locales o extranjeros (que realizan visitas o turismo) y los comerciantes o empresarios que realizan negocios, trámites o reuniones comerciales y requieren de una ciudad viable para efectuar eficientemente sus operaciones.
Qué fantástico sería tener un área metropolitana ordenada y funcional en que la vialidad sea una realidad y permita una fluidez óptima para la realización oportuna de cualquier actividad.
¿Cómo abordar el problema? El gobierno tiene que basarse en la planificación por objetivos bien definidos, el asesoramiento por expertos, una decisión política firme, la adecuación y cumplimiento de las leyes, la certeza de castigo para los infractores y, sobre todo, voluntad y deseo de ayudar a los ciudadanos y al país.
El sistema de salud pública:
Actualmente, la República de Panamá posee un sistema de salud pública obsoleto que no ha evolucionado con la rapidez que demanda el crecimiento demográfico y desarrollo del país. Por ejemplo, el sistema de adjudicación de citas ya colapsó pues estaba diseñado para una época muy diferente de la actual con mucho menos usuarios, menos especialidades médicas, menos diferentes tipos de análisis de laboratorio, etc.. Hoy vemos que el uso del mismo sistema, ya anacrónico, desactualizado, no apto para la realidad actual, produce grandes cuellos de botella en la adjudicación de citas y la atención médica. Los panameños usuarios del sistema (la inmensa mayoría) sufren lo indecible para adquirir una cita, levantándose a las 2 o 3 de la mañana para formar una fila kilométrica en la entrada de los centros de salud, expuestos a las inclemencias del tiempo y los maleantes. La calidad de vida de estos panameños está severamente afectada por esta situación. Posteriormente, a la hora de acudir a la cita médica, resulta que el médico de turno llega a la hora que se le antoja causando gran perjuicio y toda clase de inconvenientes a los usuarios que programan sus actividades contando con la puntualidad de la atención. Por otro lado, el cuadro de medicinas no cubre las necesidades actuales y, con frecuencia, las medicinas que se distribuyen son compuestos genéricos de baja calidad. Las medicinas más costosas no están disponibles regularmente y requieren de protocolos especiales para tener acceso a ellas de manera esporádica. Cuando el usuario va a una farmacia privada a comprar estas medicinas, se encuentra que son muy costosas para su presupuesto, ya que el precio de las medicinas, en Panamá, está entre los más elevados del continente. ¿Cuándo se le pondrá el cascabel al gato, en el sentido de acabar, de una vez por todas, con este crimen en contra del pueblo panameño? Igual sucede con las cirugías. La asignación muy lejana de las fechas de las operaciones significa, con frecuencia, un agravamiento de la salud del paciente e, incluso, la evolución de su enfermedad o condición a una etapa irreversible que puede significar el desahucio o la muerte.
Qué fantástico sería que el pueblo panameño pudiera contar, dentro de la actual gestión gubernamental, con un sistema de salud pública humano, eficiente y oportuno. Que las citas médicas puedan ser obtenidas eficientemente por teléfono (en la actualidad la línea telefónica dedicada a esta función siempre está ocupada), correo electrónico, en línea o presencialmente, sin necesidad de madrugar y hacer filas kilométricas. Que se ampliara la capacidad de atención médica y de cirugías, que el cuadro de medicamentos fuera incrementado sustancialmente para suplir las demandas actuales y que el precio de las medicinas en las farmacias privadas sea estrictamente regulado para evitar la especulación y el jugar con la salud del pueblo panameño. Sería maravillosa la implementación de un sistema orientado a brindar servicios de alta calidad y eficiencia a los usuarios en el que los médicos tengan que cumplir con sus horarios de atención so pena de la imposición de sanciones acordes con la gravedad de la falta.
¿Cómo abordar el problema? Rediseñando y actualizando el sistema con la ayuda de expertos internacionales reconocidos, dotándolo de más y mejores policlínicas a nivel nacional, contratando más médicos, automatizando los análisis y diagnósticos al máximo, digitalizando y automatizando todo el sistema de adjudicación de citas a nivel nacional, entre muchas otras alternativas disponibles en la actualidad.
El sistema de recolección de la basura:
Este es un problema de falta de equipo adecuado y de personal. También de un mantenimiento deficiente de los equipos de recolección y la ausencia de una capacitación y concienciación permanente del personal asignado a estas labores, de modo que los equipos sean bien utilizados y se extienda su vida útil. Se debe dotar a los vertederos de tecnología de punta para el manejo y tratamiento de la basura.
¡Qué aseados y bonitos se verían los municipios y sus jurisdicciones, a nivel nacional, si se ampliara la capacidad de los sistemas de recolección para absorber la demanda real y crecer según sea requerido!
¿Cómo abordar el problema? Logrando que la basura se convierta en algo útil o generador de recursos económicos. Además de los vertederos, debe estudiarse la posibilidad de implementar un sistema de incentivos para la clasificación de la basura en los hogares y la posibilidad de utilizar esta basura orgánica en el compostaje, para la producción de fertilizantes y/o enmiendas orgánicas al suelo, como ocurre en países como Israel y otros muchos alrededor del mundo. Esto podría convertirse en un negocio municipal o puede ser privatizado bajo protocolos y procedimientos específicos. También se debe estudiar seriamente la factibilidad de adquirir y operar convertidores de plasma en los municipios más populosos y/o con mayor producción de basura sólida (llantas, vidrios, plásticos, metales, etc.). Estos se basan en la tecnología de arco de plasma que utiliza electricidad y aire para producir un plasma capaz de alcanzar temperaturas cercanas a los 5,500 grados centígrados (similar a la temperatura de la capa externa visible del sol) que se utiliza para gasificar la basura sólida y obtener una mezcla de hidrógeno, nitrógeno y monóxido de carbono, principalmente, que puede ser usada en turbinas a gas, en lugar del gas natural. Otro sub producto de este proceso es una especie de piedra obsidiana muy dura y liviana que puede ser utilizada como agregado o para fabricar ladrillos para pavimento u otros materiales de construcción. Sería una excelente manera de eliminar el serio problema de la generación, acumulación, contaminación, recolección y deposición diaria de miles de toneladas basura sólida convirtiéndola en algo útil con posibilidades de comercialización. Esto sería una inversión inteligente del Estado, en una tecnología de punta inventada hace muchos años por la NASA y a la que se le ha encontrado una aplicación práctica que ya ha sido adoptada por algunos países vanguardistas.
La seguridad social:
Los maleantes, en el más amplio sentido de la palabra, se están tomando el país. El nunca suficientemente maldecido narcotráfico, el pandillerismo, el raterismo, los asaltantes de bancos, los sicarios y otras modalidades del crimen organizado, están debilitando los cimientos de la sociedad panameña. La mayoría de los homicidios, que ya ocurren en cualquier punto de la geografía nacional, son ajustes de cuentas entre narcotraficantes (por traiciones o “tumbes”) y pandilleros (por problemas territoriales entre pandillas). En otras palabras, maleantes asesinando maleantes. El problema es que, con frecuencia, mueren inocentes que tienen la desdicha de quedar en medio de las balaceras de los criminales. Por otro lado, los sicarios (tristemente menores de edad en mayor proporción) generan crímenes por encargo de cualquier persona u organización criminal y sus víctimas, en la mayoría de los casos, también son personas de mal vivir. Esta triste realidad hace un enorme daño al país, en términos de seguridad ciudadana, imagen internacional, inversiones y turismo pues la tasa de homicidios del país en 2008 fue alta (según el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, del PNUD), de 19 homicidios por cada 100,000 habitantes, similar al promedio de toda América Latina (se considera alta cuando ocurren más de 10 homicidios por 100 mil habitantes). Según el mismo informe, pocos países latinoamericanos superan esta tasa, entre éstos Honduras, con 58; El Salvador, con 52; Guatemala, con 48; y, Belice, con 32, todos en América Central. Colombia, que llegó a tener la tasa de homicidios más alta del mundo (77), terminó el 2008 con un sorprendente 33, producto de 16,140 asesinatos. Considerando que en el año 2000 Panamá mostró una tasa de homicidios de 13 (también alta), el incremento de los últimos ocho años es sumamente preocupante. De nada sirve señalar que el mayor porcentaje de estos homicidios son ejecuciones del narcotráfico (principalmente extranjeros) o rencillas entre pandillas, pues son asesinatos que ocurren en el territorio nacional y cuentan para el cálculo de la tasa de homicidios. Si se incluyeran las estadísticas de la criminalidad, en general (asaltos, robos, estafas y secuestros exprés, entre otros), se revelaría que la seguridad social está en una situación, realmente, alarmante.
Sería magnífico para Panamá que el actual gobierno del cambio de Ricardo Martinelli lograra reducir la tasa de homicidios a menos de 10 y que los índices de criminalidad general pudieran disminuir significativamente, antes de concluir su gestión. Esto calificaría al país como uno de los más seguros del mundo, catapultando su imagen internacional, el turismo, la inversión y el desarrollo, a niveles aún más altos que los alcanzados en años recientes.
¿Cómo abordar el problema? El abordaje de este delicado problema tiene que ser inmediato y contundente, sin contemplaciones y a todos los niveles: ejecutivo, legislativo y judicial. El gobierno debe asesorarse con expertos en la materia de reconocimiento internacional que contribuyan a trazar una estrategia funcional y efectiva, que rinda frutos rápidamente. Esta sería una de las mejores inversiones del Estado pues se estaría invirtiendo en la seguridad de todos los panameños y de quienes nos vistan por turismo o inversión. Este es un tema en el que no puede improvisarse y que no puede ser resuelto por personas o servidores públicos con buenos deseos o buenas intenciones pero sin el conocimiento, entrenamiento y experiencia que se requieren. Ser ilusos u optimistas en un tema tan sensible es equivalente a llevar al país a un estado de inseguridad total y a un colapso social. Se requiere de mente clara y una actitud pro activa de las autoridades nacionales y de la sociedad organizada, en general. Algunas opciones para enfrentar el narcotráfico podrían incluir: 1) el reforzamiento de la vigilancia en nuestras costas y fronteras con suficiente personal bien entrenado, dotado de equipos de última generación, cueste lo que cueste; 2) control severo de las inmigraciones ilegales con un cuerpo fronterizo altamente entrenado y dotado de equipos de última generación, cueste lo que cueste; 3) endurecimiento de las normativas y leyes para combatir el narcotráfico; 4) exigir o restringir el visado a nacionales de países de alto riesgo; 5) control interno del narcotráfico con asesoramiento por expertos, cueste lo que cueste; 6) incrementar las unidades policiales a niveles adecuados y brindarles un entrenamiento con expertos, cueste lo que cueste; dotar a la policía nacional y cuerpos élites de los mejores equipos disponibles en el mercado, cueste lo que cueste. En cuanto al pandillerismo, hay alternativas que pueden resultar, como la implementación de programas de resocialización, educación y entrenamiento, la dotación de puestos de trabajo a los pandilleros resocializados, el incremento de la fuerza policial dedicada a combatir el pandillerismo, su entrenamiento constante en tácticas específicas por expertos reconocidos y la dotación de equipamiento moderno para estas labores. Adicionalmente, se deben mejorar las condiciones e incentivos laborales de la Policía Nacional.
El sistema educativo:
La crisis de la educación pública en Panamá no es nueva. El sistema educativo está en crisis desde hace más de 30 años y a todos los niveles: educación primaria, intermedia y universitaria. Sin embargo, es a nivel de las escuelas primarias y secundarias públicas que la crisis educacional se hace sentir con mayor intensidad pues un niño y un joven mal formados serán ciudadanos y profesionales mediocres. Gran cantidad de maestros y profesores del sector público son productos de este mismo sistema educativo mediocre e insostenible. Muchos de estos docentes no tienen vocación, no están actualizados y ni siquiera tienen buena ortografía así que sus estudiantes (¿o víctimas?) reciben una formación de mediocre a mala. Los programas obligatorios de actualización de docentes que se impartían los veranos, durante las vacaciones estudiantiles, ya son historia, prácticamente, y la supervisión y seguimiento a los maestros y profesores de secundaria ya no se realiza. Al docente se le suministran planes educativos que ya no responden a las necesidades educativas actuales (en función de las demandas del entorno nacional e internacional) y nadie lo supervisa con el fin de constatar que está impartiendo las clases adecuadamente (desde el punto de vista pedagógico) y siguiendo los procedimientos del Ministerio de Educación. Los educadores se mantienen en constante enfrentamiento con las autoridades educativas por la obtención de beneficios y aumentos salariales pero no proponen mejoras al sistema educativo, la actualización permanente de los programas de estudio para los educandos y los programas de actualización de docentes. Los padres de familia alcahuetean la mala conducta y la mala actitud de sus hijos o acudidos dándoles un mensaje muy negativo, en el sentido de que lo que hacen está bien. Se enfrentan a los educadores con insultos y violencia física sin darse cuenta que el mal comportamiento, la mala actitud (irreverente e inconsciente) y las malas acciones de sus hijos y acudidos son reflejo de la situación en sus hogares y de la poca de atención y orientación que les brindan. En otras palabras, de su fracaso como padres, pues la educación básica del menor es responsabilidad inalienable de los padres o acudientes y se imparte en casa (lo relativo a la conducta, la moral, el civismo, la ética, lo espiritual, lo religioso, la sexualidad sana, la disciplina y la responsabilidad) y se refuerza en la escuela. Por otro lado, la estructura y gestión administrativa del Ministerio de Educación es un desastre, por decir lo mínimo. La masificación de la educación y el incremento desmedido de los educandos en los últimos tres decenios ha causado que la reparación y acondicionamiento de las escuelas en las vacaciones de verano sea muy difícil de cumplir pues se pretende atender la enorme demanda de la época con los esquemas y procedimientos de los años 30 del siglo pasado, cuando la república era como un pueblo grande, tenía una baja densidad poblacional y todo se podía resolver de manera rápida y fácil, con criterios pueblerinos. Panamá es uno de los países que más invierte en educación en América Latina (entre 6 y 7% del PIB) y de los que menos resultados positivos obtiene, en términos de calidad de la educación pública.
Sería un enorme avance para Panamá que el gobierno del cambio de Ricardo Martinelli y la Ministra de Educación, Lucy Molinar, lograran resolver la crisis de la educación. Solo se requiere de voluntad política, verdaderos deseos de modernizar la educación pública nacional y el esfuerzo coordinado de todos los actores (autoridades, docentes, padres de familia o acudientes, educandos, sociedad civil) para lograrlo.
¿Cómo abordar el problema? Se requiere de una reingeniería radical y una cirugía reconstructiva masiva para reinventar este Ministerio, uno de los más complejos e importantes del país. Hay que obtener el asesoramiento de expertos nacionales e internacionales en educación para diseñar, probar e implementar un nuevo sistema educativo panameño que responda a las demandas del mundo actual pues, el desarrollo de todo país está, indefectiblemente, atado a la educación. Hay que invertir entre 7.5 a 8% del PIB en este sector y, ojalá, se pudiera llegar al 10%. Sería el dinero mejor invertido del mundo si se invierte en un proyecto de reforma educativa a todos los niveles, diseñado por expertos, e implementado con rigurosidad, a través de una planificación, seguimiento y evaluación científicos, con indicadores bien claros y definidos. Mientras el gobierno actual da los pasos necesarios para esta cruzada, la Ministra Molinar tendrá que hacer uso de su capacidad gerencial, su disposición al diálogo, su creatividad e inventiva, su orientación a la acción, su amor por la patria y su sentido común para orientar la educación del país por la senda de una verdadera modernización que lleve a Panamá a los primeros planos en la materia y contribuya al desarrollo socioeconómico del país.
En su reciente participación en Nueva York, ante la 64 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), iniciada el 15 de septiembre pasado, el Presidente Martinelli, en un emotivo, nacionalista y optimista discurso, señaló que “Vamos a poner los intereses del pueblo primero. Por encima de los intereses personales o partidistas. Porque un país es más importante que un partido político. He escogido a los mejores para que trabajen en el gobierno, sin importar si son de oposición o independientes”. Más adelante sentenció, en tono de premonición, que “Panamá es el sitio ideal para invertir, establecer empresas y para vivir. Vamos a convertir a Panamá en el Hong Kong o Dubai de América”. Fue un discurso muy elocuente y muy esperanzador para el pueblo panameño y envió, también, un mensaje de solidaridad a un mundo que, en vez de armas, necesita paz y la concertación de ideas y voluntades para crear un mundo mejor, en el que todas las naciones progresen. Este blog, Palabra Justa, coincide al 100% con el señalamiento de que el pueblo es primero y está por encima de los intereses personales o partidistas y que el país es más importante que cualquier partido político y, por eso, ha seleccionado a los mejores hombres y mujeres, sin importar sus ideas políticas, para trabajar por el país en su gestión. Hacía mucho tiempo que no se escuchaba a un presidente panameño poner por delante los intereses de Panamá. El pueblo panameño espera que el Presidente Martinelli no se quede en la retórica, que es lo tradicional, y pase a la acción. La sinceridad de sus palabras se revelará a medida que su gobierno avance. Que Dios lo guíe por el camino que él mismo ha señalado en este discurso y durante toda la campaña política que lo llevó a la primera magistratura de la Nación. Por otro lado, la afirmación de que va a convertir a Panamá en el Hong Kong de América, suena bastante optimista pero, para alcanzar grandes logros, primero hay que soñar. Él es un hombre exitoso, un hacedor, y lo ha demostrado a lo largo de toda su vida. Sin embargo, para lograr lo que se propone, primero deberá abordar y resolver con inteligencia y mano firme y justiciera las crisis existenciales que, en estos momentos, agobian a la sociedad panameña, y que se resumen en este artículo.

