14 mayo 2007

¿Qué queremos los panameños para Panamá?

El pasado

Antes de la llegada de los españoles (lamentablemente, la historia de América Latina y parte del Caribe se califica en estos términos) convivían en el Istmo diversas etnias y culturas que conocían la existencia de los dos grandes y ricos mares, actuales océanos Pacífico y Atlántico, de los que extraían parte de su sustento. Estos pueblos indígenas interactuaban entre sí, desarrollando su patrón evolutivo y forjando su propio destino, sin influencias alienantes. Tenían culturas y tradiciones que los caracterizaba, identificaba y unía, otorgándoles un sentido de pertenencia, intrínsecamente ligado a su entorno natural.

La colonización del istmo trajo para Panamá, principalmente, la depredación de los recursos minerales (principalmente oro y plata) y el nacimiento de una nueva sociedad basada en el intenso mestizaje (entre indígenas, esclavos africanos y españoles), la imposición de un nuevo orden socioeconómico y político, de nuevas tradiciones, la introducción de nuevas enfermedades y del cristianismo, dejando a las generaciones mestizas subsiguientes sin un referente histórico del pasado (incluso, en algunos países colonizados, como los pertenecientes al sorprendente Imperio Inca, se empleó la política de borrar toda huella del glorioso e ilustre pasado de los pueblos andinos y su rica herencia cultural, parte del cual es conocido ya que, afortunadamente, los conquistadores no pudieron destruirlo todo). La naciente sociedad panameña partió, prácticamente, de cero. Quedó en un limbo cultural que era la agregación de retazos culturales de las razas que se mezclaron en ese fecundo crisol del que emergió una sociedad sin referentes culturales, sin tradiciones propias, sin un pasado común que la respaldara y le diera un sentido de unidad, de dirección.

La guerra hipanoamericana, que puso fin al coloniaje español en América, fue un acontecimiento que tenía que ocurrir, tarde o temprano, como siempre ocurre en el devenir histórico de todos los pueblos del mundo. Panamá, que no tenía fuertes lazos históricos ni culturales con los países que otrora integraron el Imperio Maya, optó por anexarse voluntariamente a la Gran Colombia, siguiendo el sueño del Gran Libertador Simón Bolivar, de unificar Hispanoamérica en un solo y poderoso país, sueño que fue truncado por los intereses económicos de propios y extraños.

Fueron los tiempos del nacimiento de la política expansionista de los Estados Unidos. Panamá pasó de un degradante vasallaje y atraso socioeconómico producto de su unión a Colombia, a un protectorado del país anglosajón del norte que ampliaba su poder hegemónico en todo el continente y se convertía en uno de los países más ricos y poderosos del planeta.

Estos choques de diferentes culturas e imposiciones fueron fraguando, por más de ciento ochenta años, desde la independencia de España, el 28 de noviembre de 1821, hasta el 31 de diciembre de 1999 (en que se completó la consolidación de la soberanía nacional con la transferencia del canal y los territorios canaleros a la jurisdicción panameña), el tiempo presente de esta pequeña e increíble nación…

El presente

Ya no hay tiempo para lamentaciones, complejos o amarguras. Culpar de los traumas del pasado a las generaciones actuales de españoles o colombianos no tiene sentido. Lo que si es necesario es que TODOS los panameños conozcan y estén conscientes de los hechos históricos acontecidos a partir de la llegada de los españoles pues, conociendo y entendiendo el pasado, podemos mejorar el presente y planificar, con luces largas, el futuro de la nación. El país estuvo, durante mucho tiempo, sometido a las orientaciones y decisiones de los intereses foráneos o de la dictadura militar criolla, que nunca fueron los mejores para Panamá. Sin embargo, es justo reconocer que todo el esfuerzo y la estrategia desplegados por el Gobierno Nacional de finales de la década de los 70 y la firma, en septiembre de 1977, del Tratado Torrijos - Carter es lo que, finalmente, devolvió a Panamá su consolidación territorial, su orgullo de Nación Soberana y todas las expectativas de desarrollo socioeconómico que hoy giran en torno a la ya aprobada e inminente ampliación del canal interoceánico.

El tiempo actual se percibe como de mucha inestabilidad socioeconómica, pandillerismo, narcotráfico, lavado de dinero, aumento en el costo de la canasta básica, desempleo, frecuentes incrementos en el costo del combustible y sus derivados (y todas sus implicaciones negativas en la economía en general), crisis en el sector transporte y colapso en los sistemas de salud y seguridad social. Hay serios problemas estructurales (morales, éticos y espirituales), que es urgente atender y resolver, a nivel de la unidad básica de toda sociedad: la familia. Son, precisamente, los menores de edad, los asesinos más despiadados, por un complejo de razones que hay que abordar con presteza y pertinencia, antes que sea muy tarde. Hay que enderezar la institución familiar y extirpar, de raíz, todos los cánceres que envenenan la juventud panameña -el recurso más preciado del país- y que todos ciudadanos conocen. ¡Hay que hacer algo y pronto!

Durante varios lustros, la sociedad panameña ha venido polarizándose entre los pobres o extremadamente pobres y los ricos, con una clase media profesional estancada y con muy pocas expectativas de progreso (salarios eternamente congelados que apenas cubren las necesidades básicas y altos niveles de endeudamiento, que son el sustrato ideal para la frustración y la corrupción). La clase social pobre se ha incrementado rápidamente a tales niveles que ha provocado el colapso de los servicios de salud y seguridad social que ya no pueden cumplir ni con el mínimo de sus objetivos y funciones. Las leyes (incluyendo las penales) y todo el andamiaje legislativo y judicial se han quedado anacrónicos e inoperantes. Todo pareciera indicar que el país está muy cerca del umbral de la ingobernabilidad y del colapso total.

Por otro lado, el crecimiento económico que ha experimentado Panamá durante los últimos años se debe, en gran medida, al enorme incremento de la inversión extranjera y local en el sector de la construcción y el turismo en general. Hay una proliferación descontrolada y sin orden de enormes rascacielos, grandes centros comerciales, restaurantes, hoteles y resorts de lujo, así como de urbanizaciones exclusivas con mansiones que, obviamente, son solo para gente muy adinerada, la mayoría de los cuales no son panameños. La inversión está perfecta, pues trae empleomanía en este sector y progreso general, pero debe hacerse con apego estricto a las reglas del urbanismo y de la planificación urbana para evitar el colapso de la ciudad de Panamá y un caos de proporciones y resultados impredecibles. Pareciera que los intereses privados continúan prevaleciendo sobre los intereses y el ordenamiento nacionales. ¿Dónde están los famosos arquitectos urbanistas de Panamá que hablan muy bonito y con mucha sapiencia de la ciencia del Urbanismo y sus aplicaciones en diversos programas de la televisión local? ¿Cómo es posible, por ejemplo, que el Municipio de Panamá autorice la construcción de un restaurante de una famosa cadena en toda una esquina de la Vía Ricardo J. Alfaro, en el cruce de un semáforo? Sería interesante conocer qué funcionario dio esta autorización tan descabellada. ¿Qué va a pasar dentro de poco con el abastecimiento de electricidad y agua potable ante la creciente demanda por estos servicios? Hay que implementar alternativas efectivas, a corto, mediano y largo plazos, que no frenen el desarrollo y que no incrementen el costo de vida a los ya sufridos ciudadanos panameños -que son la mayoría- que ya no soportan los malos servicios y los constantes incrementos en las tarifas de los mismos. Si existiera una Ley General de Salarios e Incentivos Salariales no habrían tantos problemas pues se harían los ajustes automáticos a los salarios y todo el mundo quedaría contento (ver: Perfeccionamiento de la equidad en Panamá: La Carrera Administrativa y la Ley General de Salarios, publicado en este Blog en agosto de 2006).

Continuando la misma línea de análisis, el servicio de recolección de las aguas servidas ya colapsó. En diferentes partes de la ciudad de Panamá, cuya modernidad y belleza se citan con bastante frecuencia en los medios, se observan las alcantarillas saturadas descargando su pestilente contenido de aguas negras y basura en mitad de las calles. ¡Qué falta de elegancia y qué vergüenza! Es el precio que se está pagando por el crecimiento desordenado, el desarrollo insostenible y la falta de planificación que se han venido aplicando por décadas. Con frecuencia, también, por la anuencia de funcionarios mediocres y corruptos que autorizan lo que sea si reciben una buena coima. El gobierno de turno ha incluido en su agenda el abordaje de estos difíciles temas pero estas adecuaciones y actualizaciones de la infraestructura civil hay que enfrentarlas de inmediato para que la ciudad de Panamá pueda mantener su ritmo de crecimiento y progreso, conservando la viabilidad. Si no existe, debe crearse un mecanismo para que el próximo gobierno esté obligado a dar seguimiento a la implementación y culminación de todas estas obras y proyectos civiles, que son de interés Estatal. ¡Cuánto duele crecer y madurar!

Sin embargo, el futuro de Panamá es, todavía, muy halagüeño y se puede rescatar al país del desastre total. Esto puede parecer pesimista pero Panamá se debate en una dura encrucijada que ha venido tomando fuerza desde hace unos lustros aprovechando la miopía, la politiquería y el laissez-faire de quienes han tenido en sus manos las riendas de la Nación y no han sabido cumplir a cabalidad con su deber. El Gobierno actual y los próximos gobiernos tienen que actuar con mentalidad de Estado y dejar la política al nivel que le corresponde, si se desea que el país avance con paso firme hacia el desarrollo socioeconómico sostenible, con inclusión de los panameños de todos los sectores y estratos sociales. Hay que atacar frontal e integralmente la pobreza pues en Panamá no se justifica que haya muchos panameños que solo coman -y mal- una sola vez al día y no puedan mantener decorosamente sus familias. En este país, con poco más de tres millones de habitantes, es una vergüenza y una falta de sensibilidad social que haya personas en esta condición mientras que pequeños grupos se dedican a criticar y boicotear, irresponsablemente, la ejecución de excelentes proyectos que apoya el gobierno y que darían empleos a muchos panameños y traerían progreso al país. Un ejemplo reciente de la falta conceptos claros y proporciones justas en estos grupos es el proyecto de la empresa estadounidense Ocean Embassy que construirá un resort con un delfinario y un centro de investigaciones y de reproducción para los delfines de la conocida especie Tursiops truncatus (se espera que el Gobierno actúe en términos de Estado y mantenga su apoyo decidido a este proyecto de gran beneficio para Panamá y no se deje influenciar por personas tan confundidas o que quieren sembrar confusión donde no la hay). Ya salieron a la calle grupos de protesta en supuesta defensa de los delfines (como si no hubiera en este país otras prioridades, entre estas darle empleo y mejores condiciones de vida a los panameños) que, dicho sea de paso, serán utilizados tanto con fines comerciales como investigativos, de conservación y terapéuticos. Ya la empresa ha asegurado, en repetidas ocasiones, que los delfines no serán capturados para la venta ni para maltratarlos o asesinarlos, ¡qué locura sin sentido sería esa! Muy por el contrario, para estudiarlos y conocerlos mejor en pro de su cuido y conservación (ver: Ocean Embassy Panamá: parque marino para entretenimiento, investigación, protección y conservación del delfín (Tursiops truncatus), publicado en este Blog en abril de 2007). Ahora resulta que los delfines sufren, lloran y son muy infelices en cautiverio. Los grupos que protestan, con pleno derecho, han buscado toda clase de argumentos e informaciones sin base, así como el apoyo de científicos de renombre a los que -por supuesto- les importan más los delfines que los panameños o su futuro y que, jamás, han conocido el hambre ni la desesperación y frustración que genera el no poder dar a sus hijos ni las condiciones mínimas (de alimentación, vivienda decorosa, educación y salud) para su desarrollo óptimo como seres humanos. El ambiente y la naturaleza en general hay que cuidarlos y conservarlos para las generaciones futuras y la estabilidad del equilibrio ecológico pero el ser humano, centro de la Creación, tiene todo el derecho de hacer un uso racional y SOSTENIBLE, en el tiempo, de todos los recursos a su disposición.

El gobierno de turno -y los que lo sucedan- tiene el deber de pararse firme y asumir posiciones de Estado, en defensa de los más altos intereses de la Nación y de todos los panameños, sin distingo de partidos políticos, raza o credo religioso. Por las razones del pasado, ya citadas, y por la falta de evolución social, tenemos un rezago de muchos años en sectores claves del desarrollo como la educación, la salud, la dotación de servicios básicos, la red vial, el transporte, el ordenamiento urbano, las condiciones laborales y salariales de los servidores públicos y la inequidad social (o pésima distribución de la riqueza), entre otras. El bajo índice de desarrollo humano que presenta el país demuestra este triste hecho y querer ignorarlo es lo peor que puede hacerse ya que no resuelve ni contribuye a resolver esta ignominiosa realidad. La política del avestruz es fatal. No se debe dilatar más la solución a estos problemas que desdicen de este país tan maravilloso y con tan inmenso potencial para un futuro promisorio para todos los panameños.

El futuro

El futuro es hoy. Hay que comenzar a construirlo con verdadero sentido de Patria. Tenemos que aprender a ubicar las cosas en su lugar y en el orden correcto: Dios (no el poder y el dinero que muchos parecen adorar), la Patria (su territorio, sus símbolos, sus tradiciones, todos sus ciudadanos y familias), el trabajo, la salud, la educación, la política de altura...Cuando se practique esto en Panamá, se habrá dado un verdadero paso hacia el desarrollo. Dios quiera que sea pronto y no se espere a que el presente, cual hoyo negro devorador, se trague el futuro, los sueños y esperanzas más caros de toda una Nación…

2 comentarios:

Ted Turner, Vice President, Ocean Embassy Panama dijo...

Gracias Eric! We very much appreciate your clear perspective and support. We hope that the Government will finally support this project as well so that animals, families, tourists and Panama's economy will all benefit. Please let us know if you need any information.

Ted Turner, Vice President, Ocean Embassy Panama dijo...

Ted Turner a usuario
mostrar detalles 10:41 (2 horas antes)

Eric - I hope so as well. We have lost much confidence in the Government's ability to make wise leadership decisions in this case. Since they seem to be heavily influenced by radical environmentalists and animal extremists. In the U.S., Bahamas, and 41 other countries, these groups are ingored and animals benefit. For example, we could not help but notice this La Prensa article on 5/14/07:

Pacífico veragüense.

Rescatan delfín varado

Ney Abdiel Castillo
MARIATO, Veraguas

Moradores de playa Malena en Mariato –sur de Veraguas– se mantuvieron la mañana de ayer auxiliando a un delfín varado en esta zona costera.

Arcelio Fuentes, morador de Malena, dijo que lo llevaron al mar varias veces, y regresaba a la playa. Optaron entonces por dejarlo mar adentro, y de esta manera sí surtió efecto..

This is exactly why Panama needs expertise in marine mammal stranding. If an animal beaches itself – there is a reason. Pushing it back to sea is a death sentence. In most cases the animal is so dehydrated or sick that it beached itself because it lacks the energy to support itself, swim or stay at the surface. In the United States the Marine Mammal Stranding network would respond to such a situation and rehabilitate this animal back to strength in facilities such as Ocean Embassy, Panama – then return it to the ocean in good health and strong. In all likelihood – this animal will wash ashore somewhere else down the coast if it isn’t killed by predators in its weakened state. Groups that oppose our project, also oppose expert medical care for wild animals that will help save the lives of many animals in need of treatment.

Frustrating to say the least.

Ted Turner