02 marzo 2011

Futbolista Luis Moreno y el incidente de la lechuza

Este artículo se refiere al incidente en que el futbolista profesional panameño Luis Moreno (Deportivo Pereira, Colombia) utilizó su pierna izquierda para sacar del área de juego del Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, de Barranquilla, a una lechuza que, aparentemente, es la mascota del equipo anfitrión (Junior de Barranquilla). La lechuza había sobrevolado el referido estadio y se había posado en la cancha, en medio del fragor del partido que se estaba jugando en el instante en que ocurrieron los hechos.

En vista del exagerado despliegue internacional que se le ha dado a lo acontecido, se hacen los siguientes comentarios:

1) En primer lugar, NUNCA DEBIÓ permitirse el vuelo de la lechuza sobre el campo de juego, en medio del fragor de un partido de fútbol profesional, por el peligro potencial que esto podía representar para el ave. Si las autoridades colombianas de ambiente o de protección de animales desean aplicar sanciones al jugador Moreno, también tendrían que aplicar las mismas a quienes permitieron el arriesgado vuelo del ave en ese momento (aparentemente, era una tradición local). La justicia verdadera tiene que ser aplicada a todos los involucrados en el hecho. Es justo, ¿no?

2) El término patada, para alguien que no haya visto el ya famoso video, puede ser interpretado como una agresión brutal y con saña contra la lechuza. Todas las personas razonables saben que esto no fue así. Moreno trató de sacar al ave del área de juego, para evitar que algún jugador la pisoteara accidentalmente y la destrozara de verdad. Quizá no se atrevió a tomarla con sus manos, previendo que el ave pudiera atacarlo y la empujó con su pie pero NO LA PATEÓ CON FUERZA. Si lo hubiera hecho, habría roto todos los huesos del animal y este habría muerto inmediatamente. El examen veterinario reveló que el animal NO TENÍA NINGÚN HUESO ROTO. Es más, el ave se recuperó y se pensó que podía ser dada de alta pero murió poco después, desafortunadamente, debido a una miopatía por captura, según el dictamen del médico veterinario que atendió el caso.

3) Hay que recordar que, antes de la desafortunada intervención del jugador Moreno, la lechuza recibió un fuerte balonazo que la dejó completamente atontada y tendida en el campo de juegos. ¿Ya los acusadores olvidaron esta parte? Entonces, también hay que señalar la irresponsabilidad de permitir el vuelo del ave en pleno partido, sabiendo lo peligroso que esto podía ser para el animal, como quedó demostrado. Aqui no vale eso de que "cada vez que el ave sobrevuela el campo el equipo Junior gana el juego". Si castigan a Moreno, también tendrían que castigar a quienes permitieron que el ave sobrevolara el campo de juego, los verdaderos culpables.

4) Ciertamente, los medios masivos de comunicación han dado a este incidente un destaque internacional completamente desproporcionado, que no va de acuerdo con lo sucedido. Han satanizado al jugador Moreno al punto que pareciera que hubiera cometido un crimen de lesa humanidad, como a diario si cometen abiertamente muchos "líderes" políticos o de movimientos extremistas de algunos países de nuestro planeta, que asesinan vilmente a sus compatriotas con el único fin de mantenerse en el poder o desestabilizar al gobierno de turno. Ante esta triste realidad, ¿dónde están los hipócritas que han hecho de este incidente de la lechuza un escándalo de proporciones internacionales?

5) Ya el jugador Moreno pidió disculpas y ofreció sus explicaciones al respecto. ¿Qué más puede hacer? ¿Qué más quieren? ¿Destruir su carrera? Hay un interés malsano y/o una cultura de violencia en la mente de quienes festinan con esto. En las páginas de ciertos diarios colombianos e internacionales que han publicado esta BASURA periodística, hay quienes han señalado que Moreno debe ser linchado, que es un animal, que es un maldito, que es un ignorante y un largo etcétera de epítetos injustos y denigrantes. Incluso, ha recibido amenazas de muerte a través de algunas redes sociales, razón por la cuál su familia está sumamente preocupada. Hay que poner un alto a esta actitud negativa, peligrosa e irresponsable, especialmente a través de la intervención de los periodistas serios y objetivos que, gracias a Dios, son la gran mayoría.

6) Por último (no porque Moreno sea panameño, igual que el autor de este Blog), hay que detener, inmediatamente, esta vorágine insensata. Moreno, en el peor de los casos, debería recibir algún tipo de advertencia o amonestación leve y ya. Él no es un maleante, ni un asesino, ni un traficante de drogas o armas y tampoco ha infringido (que se sepa) ninguna norma futbolística, ni nada por el estilo. Si quieren sancionarlo, que lo hagan, pero que sea una sanción proporcional con lo sucedido que, dicho sea de paso, no fue realizado de forma premeditada ni con alevosía. Pero, si Moreno es sancionado, quienes permitieron el vuelo del ave sobre el campo de juego, los verdaderos responsables del triste incidente, también deben recibir una sanción similar.

05 noviembre 2009

Crisis actuales en la República de Panamá: ¿qué nos pasa a los panameños?

Luego de la estrepitosa caída de la larga dictadura militar que oprimió al país por más de dos décadas, especialmente durante sus años postreros, la bonanza económica y las positivas experiencias de crecimiento y desarrollo que ha experimentado Panamá, en los dos últimos decenios, ha atraído muchas inversiones y enorme cantidad de inmigrantes extranjeros que buscan beneficiarse del progreso nacional, mejorando sus expectativas de vida. La explosión demográfica nativa, sumada a las inmigraciones, al crecimiento y desarrollo ascendente del turismo y a los megaproyectos en ejecución y por ejecutar (la ampliación del canal interoceánico, la cinta costera, los mega puertos, así como la masiva construcción de rascacielos, centros comerciales, urbanizaciones y resorts) demandan enormes cantidades de bienes y servicios, como nunca antes en la historia nacional. La demanda de muchos bienes y servicios que antes no se requerían ni conocían, la proliferación de universidades privadas en respuesta a la demanda de nuevas profesiones que no existían o no se requerían (en las pocas universidades que operaban), el colapso u obsolescencia de los servicios de alcantarillado, electricidad, abastecimiento de agua y otros existentes, la colapsada red vial, el deficiente servicio de transporte público, el ineficiente sistema de recolección de la basura, los inadecuados servicios de salud pública y seguridad social, el atrasado e inoperante sistema educativo y, en fin, una miríada de otras limitantes y necesidades tienen a Panamá sumida en el caos, en un estado de postración casi comatoso. Y es que el raudo crecimiento económico y el desarrollo no planificado o inadecuadamente planificado han creado un enorme vacío, un rezago, en todos los estamentos de la sociedad panameña que todavía no ha logrado, por falta de un liderazgo político verdaderamente nacionalista, ajustarse a las necesidades y demandas de la moderna república, en un entorno mundial de apertura, de globalización. Todavía se insiste en enfrentar los nuevos retos, en romper los nuevos paradigmas, con las herramientas, esquemas y procedimientos del pasado, que ya no funcionan. La Panamá bucólica quedó atrás, hay que enfrentar los nuevos retos con las herramientas y procedimientos de estos tiempos, para poder disfrutar plenamente del progreso y desarrollo sin los violentos traumas de los ajustes sociales acelerados y desordenados, que pueden llevar el país a profundas y dolorosas crisis sociales y al colapso.

En este artículo se comentan algunos temas que requieren ajuste, lo antes posible, para que Panamá se inserte entre las naciones emergentes con un alto índice de desarrollo humano para satisfacción y honra de todos los panameños y de aquellos que han elegido a Panamá para vivir.

La actitud cómoda e irresponsable del ciudadano panameño común o la falta de consciencia social:

Muchos panameños creemos que somos el centro del universo y que todo gira alrededor nuestro. No nos importa con los demás y pensamos que todos deben rendirnos pleitesía. Por ejemplo, caminamos descuidadamente por una transitada calle, pensando que son los conductores de vehículos los que tienen que tener cuidado de no atropellarnos, como si no fuéramos a ser nosotros los afectados directos. Los conductores, en general, conducen, al mismo tiempo, de manera agresiva e inconsciente, poniendo en peligro su seguridad personal y la de terceros. Muchos conductores de autos particulares, por ejemplo, se estacionan en los estacionamientos exclusivos para discapacitados sin importarles los inconvenientes que pueden causar a estos ciudadanos con su deleznable acción. Si un ciudadano les llama la atención, lo insultan, en vez de reconocer su error y corregirlo inmediatamente. En las barriadas hay muchos moradores inconscientes que tiran su basura (latas, botellas, desechos orgánicos, llantas, colchones, estufas, refrigeradoras, etc.) en los ríos, quebradas o lotes baldíos aledaños, contaminando los cauces, causando el desbordamiento en las épocas lluviosas, creando focos de infección de enfermedades y criaderos de mosquitos (incluyendo el causante del dengue clásico y el hemorrágico). Sin embargo, el ciudadano panameño común continúa ensuciando todo a su alrededor y piensa que a él nada le va a afectar. La actitud correcta es quemar o disponer adecuadamente de aquella basura que se genera en cada hogar o empresa y no es recolectada por el sistema estatal de recolección, para evitar la proliferación de plagas y enfermedades y el afeamiento de la ciudad.

Qué bonito sería que todos los panameños tuviéramos consciencia que vivimos en sociedad y que, por lo tanto, nuestras acciones afectan directa o indirectamente a terceros. Por esta razón, tenemos que ser cuidadosos y considerados con todo lo que hacemos y decimos. Esta actitud positiva mejoraría la convivencia humana y crearía una cultura de responsabilidad social y de colaboración ciudadana.

¿Cómo abordar el problema? A través de la educación en el hogar y en la escuela primaria y secundaria. El Estado y la Sociedad Civil tienen que crear programas y proyectos con el fin de concienciar y educar a los padres de familia para que puedan orientar adecuadamente a sus hijos, enseñándoles lo negativo de tener una actitud cómoda e irresponsable que lleva a desconocer que nuestras irresponsabilidades afectan a los demás. El Ministerio de Educación, por otro lado, tiene que incluir en su programa de educación primaria y secundaria materias que promuevan una actitud cívica correcta en los niños y jóvenes ya que es en esta etapa del desarrollo humano en que es más importante adquirir estas actitudes sanas y correctas.

El transporte público:

Nada más puede añadirse sobre el infrahumano sistema de transporte público del área metropolitana de la ciudad de Panamá, si es que puede considerarse un sistema, que no se haya dicho ya. El pueblo panameño que vive en el área metropolitana o áreas aledañas sufre a diario los rigores de tan pésimo transporte público que incide directamente en su calidad de vida. El gobierno actual tiene planes para la construcción de un metro durante su período de gestión y para el diseño e implementación de un nuevo y verdaderamente moderno sistema de transportación pública que sea eficiente, digno, económico y sostenible en el tiempo.

Sería excelente que, hacia el cuarto final de la actual gestión de gobierno, el ciudadano del área metropolitana de la capital pudiera contar con la primera etapa de este moderno sistema de transporte, elevando su calidad de vida de forma importante (sin tener que madrugar para llegar a su puesto de trabajo, sin tener que someterse al indigno apiñamiento físico en los actuales “diablos rojos”, ni al alto riesgo que representa utilizar este servicio.

¿Cómo abordar el problema? Desde ya el gobierno de turno tiene que implementar cambios radicales que mejoren la eficiencia y calidad del transporte público actual. No se debe esperar a inaugurar el metro y el nuevo sistema de transporte dejando al pueblo expuesto por tres o cuatro años adicionales de problemas y sufrimiento. Sería una excelente inversión si el gobierno contratara los servicios de algún reconocido experto internacional en transporte que logre mejoras significativas en la eficiencia y calidad del actual y contribuya a diseñar el nuevo y moderno sistema, en consulta permanente con el gobierno y los usuarios.

La vialidad en el área metropolitana de la ciudad de Panamá:

Actualmente, el tránsito vehicular en el área metropolitana de la ciudad de Panamá y zonas aledañas es inviable y estresante. Obviamente, el pésimo transporte público actual contribuye a esta inviabilidad, aunque las causas son múltiples, entre ellas la falta de una cultura vial en la ciudadanía, la actitud cómoda e irresponsable de un gran sector de la ciudadanía, la falta de normativas de tránsito modernas y claras, la falta de un sistema de ordenamiento del tránsito científico y eficiente y la red vial obsoleta y -hace tiempo- colapsada, entre las principales. No han sido suficientes algunos cambios modernos de introducción relativamente reciente como los corredores norte y sur (en los que, contradictoriamente, también hay cuellos de botella y espectaculares tranques vehiculares), el puente Centenario, la Cinta Costera y el paso vehicular elevado que une la vía de acceso al puente Centenario con la Avenida de La Paz, sobre la Avenida Ricardo J. Alfaro, mejor conocida como “Tumba Muerto”. El gobierno actual tiene que resolver este problema para que la moderna área metropolitana capitalina sea viable para los ciudadanos (que se desplazan hacia sus trabajos, hacia sus hogares, a realizar cualquier actividad o trámite), los transeúntes locales o extranjeros (que realizan visitas o turismo) y los comerciantes o empresarios que realizan negocios, trámites o reuniones comerciales y requieren de una ciudad viable para efectuar eficientemente sus operaciones.

Qué fantástico sería tener un área metropolitana ordenada y funcional en que la vialidad sea una realidad y permita una fluidez óptima para la realización oportuna de cualquier actividad.

¿Cómo abordar el problema? El gobierno tiene que basarse en la planificación por objetivos bien definidos, el asesoramiento por expertos, una decisión política firme, la adecuación y cumplimiento de las leyes, la certeza de castigo para los infractores y, sobre todo, voluntad y deseo de ayudar a los ciudadanos y al país.

El sistema de salud pública:

Actualmente, la República de Panamá posee un sistema de salud pública obsoleto que no ha evolucionado con la rapidez que demanda el crecimiento demográfico y desarrollo del país. Por ejemplo, el sistema de adjudicación de citas ya colapsó pues estaba diseñado para una época muy diferente de la actual con mucho menos usuarios, menos especialidades médicas, menos diferentes tipos de análisis de laboratorio, etc.. Hoy vemos que el uso del mismo sistema, ya anacrónico, desactualizado, no apto para la realidad actual, produce grandes cuellos de botella en la adjudicación de citas y la atención médica. Los panameños usuarios del sistema (la inmensa mayoría) sufren lo indecible para adquirir una cita, levantándose a las 2 o 3 de la mañana para formar una fila kilométrica en la entrada de los centros de salud, expuestos a las inclemencias del tiempo y los maleantes. La calidad de vida de estos panameños está severamente afectada por esta situación. Posteriormente, a la hora de acudir a la cita médica, resulta que el médico de turno llega a la hora que se le antoja causando gran perjuicio y toda clase de inconvenientes a los usuarios que programan sus actividades contando con la puntualidad de la atención. Por otro lado, el cuadro de medicinas no cubre las necesidades actuales y, con frecuencia, las medicinas que se distribuyen son compuestos genéricos de baja calidad. Las medicinas más costosas no están disponibles regularmente y requieren de protocolos especiales para tener acceso a ellas de manera esporádica. Cuando el usuario va a una farmacia privada a comprar estas medicinas, se encuentra que son muy costosas para su presupuesto, ya que el precio de las medicinas, en Panamá, está entre los más elevados del continente. ¿Cuándo se le pondrá el cascabel al gato, en el sentido de acabar, de una vez por todas, con este crimen en contra del pueblo panameño? Igual sucede con las cirugías. La asignación muy lejana de las fechas de las operaciones significa, con frecuencia, un agravamiento de la salud del paciente e, incluso, la evolución de su enfermedad o condición a una etapa irreversible que puede significar el desahucio o la muerte.

Qué fantástico sería que el pueblo panameño pudiera contar, dentro de la actual gestión gubernamental, con un sistema de salud pública humano, eficiente y oportuno. Que las citas médicas puedan ser obtenidas eficientemente por teléfono (en la actualidad la línea telefónica dedicada a esta función siempre está ocupada), correo electrónico, en línea o presencialmente, sin necesidad de madrugar y hacer filas kilométricas. Que se ampliara la capacidad de atención médica y de cirugías, que el cuadro de medicamentos fuera incrementado sustancialmente para suplir las demandas actuales y que el precio de las medicinas en las farmacias privadas sea estrictamente regulado para evitar la especulación y el jugar con la salud del pueblo panameño. Sería maravillosa la implementación de un sistema orientado a brindar servicios de alta calidad y eficiencia a los usuarios en el que los médicos tengan que cumplir con sus horarios de atención so pena de la imposición de sanciones acordes con la gravedad de la falta.

¿Cómo abordar el problema? Rediseñando y actualizando el sistema con la ayuda de expertos internacionales reconocidos, dotándolo de más y mejores policlínicas a nivel nacional, contratando más médicos, automatizando los análisis y diagnósticos al máximo, digitalizando y automatizando todo el sistema de adjudicación de citas a nivel nacional, entre muchas otras alternativas disponibles en la actualidad.

El sistema de recolección de la basura:

Este es un problema de falta de equipo adecuado y de personal. También de un mantenimiento deficiente de los equipos de recolección y la ausencia de una capacitación y concienciación permanente del personal asignado a estas labores, de modo que los equipos sean bien utilizados y se extienda su vida útil. Se debe dotar a los vertederos de tecnología de punta para el manejo y tratamiento de la basura.

¡Qué aseados y bonitos se verían los municipios y sus jurisdicciones, a nivel nacional, si se ampliara la capacidad de los sistemas de recolección para absorber la demanda real y crecer según sea requerido!

¿Cómo abordar el problema? Logrando que la basura se convierta en algo útil o generador de recursos económicos. Además de los vertederos, debe estudiarse la posibilidad de implementar un sistema de incentivos para la clasificación de la basura en los hogares y la posibilidad de utilizar esta basura orgánica en el compostaje, para la producción de fertilizantes y/o enmiendas orgánicas al suelo, como ocurre en países como Israel y otros muchos alrededor del mundo. Esto podría convertirse en un negocio municipal o puede ser privatizado bajo protocolos y procedimientos específicos. También se debe estudiar seriamente la factibilidad de adquirir y operar convertidores de plasma en los municipios más populosos y/o con mayor producción de basura sólida (llantas, vidrios, plásticos, metales, etc.). Estos se basan en la tecnología de arco de plasma que utiliza electricidad y aire para producir un plasma capaz de alcanzar temperaturas cercanas a los 5,500 grados centígrados (similar a la temperatura de la capa externa visible del sol) que se utiliza para gasificar la basura sólida y obtener una mezcla de hidrógeno, nitrógeno y monóxido de carbono, principalmente, que puede ser usada en turbinas a gas, en lugar del gas natural. Otro sub producto de este proceso es una especie de piedra obsidiana muy dura y liviana que puede ser utilizada como agregado o para fabricar ladrillos para pavimento u otros materiales de construcción. Sería una excelente manera de eliminar el serio problema de la generación, acumulación, contaminación, recolección y deposición diaria de miles de toneladas basura sólida convirtiéndola en algo útil con posibilidades de comercialización. Esto sería una inversión inteligente del Estado, en una tecnología de punta inventada hace muchos años por la NASA y a la que se le ha encontrado una aplicación práctica que ya ha sido adoptada por algunos países vanguardistas.

La seguridad social:

Los maleantes, en el más amplio sentido de la palabra, se están tomando el país. El nunca suficientemente maldecido narcotráfico, el pandillerismo, el raterismo, los asaltantes de bancos, los sicarios y otras modalidades del crimen organizado, están debilitando los cimientos de la sociedad panameña. La mayoría de los homicidios, que ya ocurren en cualquier punto de la geografía nacional, son ajustes de cuentas entre narcotraficantes (por traiciones o “tumbes”) y pandilleros (por problemas territoriales entre pandillas). En otras palabras, maleantes asesinando maleantes. El problema es que, con frecuencia, mueren inocentes que tienen la desdicha de quedar en medio de las balaceras de los criminales. Por otro lado, los sicarios (tristemente menores de edad en mayor proporción) generan crímenes por encargo de cualquier persona u organización criminal y sus víctimas, en la mayoría de los casos, también son personas de mal vivir. Esta triste realidad hace un enorme daño al país, en términos de seguridad ciudadana, imagen internacional, inversiones y turismo pues la tasa de homicidios del país en 2008 fue alta (según el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, del PNUD), de 19 homicidios por cada 100,000 habitantes, similar al promedio de toda América Latina (se considera alta cuando ocurren más de 10 homicidios por 100 mil habitantes). Según el mismo informe, pocos países latinoamericanos superan esta tasa, entre éstos Honduras, con 58; El Salvador, con 52; Guatemala, con 48; y, Belice, con 32, todos en América Central. Colombia, que llegó a tener la tasa de homicidios más alta del mundo (77), terminó el 2008 con un sorprendente 33, producto de 16,140 asesinatos. Considerando que en el año 2000 Panamá mostró una tasa de homicidios de 13 (también alta), el incremento de los últimos ocho años es sumamente preocupante. De nada sirve señalar que el mayor porcentaje de estos homicidios son ejecuciones del narcotráfico (principalmente extranjeros) o rencillas entre pandillas, pues son asesinatos que ocurren en el territorio nacional y cuentan para el cálculo de la tasa de homicidios. Si se incluyeran las estadísticas de la criminalidad, en general (asaltos, robos, estafas y secuestros exprés, entre otros), se revelaría que la seguridad social está en una situación, realmente, alarmante.

Sería magnífico para Panamá que el actual gobierno del cambio de Ricardo Martinelli lograra reducir la tasa de homicidios a menos de 10 y que los índices de criminalidad general pudieran disminuir significativamente, antes de concluir su gestión. Esto calificaría al país como uno de los más seguros del mundo, catapultando su imagen internacional, el turismo, la inversión y el desarrollo, a niveles aún más altos que los alcanzados en años recientes.

¿Cómo abordar el problema? El abordaje de este delicado problema tiene que ser inmediato y contundente, sin contemplaciones y a todos los niveles: ejecutivo, legislativo y judicial. El gobierno debe asesorarse con expertos en la materia de reconocimiento internacional que contribuyan a trazar una estrategia funcional y efectiva, que rinda frutos rápidamente. Esta sería una de las mejores inversiones del Estado pues se estaría invirtiendo en la seguridad de todos los panameños y de quienes nos vistan por turismo o inversión. Este es un tema en el que no puede improvisarse y que no puede ser resuelto por personas o servidores públicos con buenos deseos o buenas intenciones pero sin el conocimiento, entrenamiento y experiencia que se requieren. Ser ilusos u optimistas en un tema tan sensible es equivalente a llevar al país a un estado de inseguridad total y a un colapso social. Se requiere de mente clara y una actitud pro activa de las autoridades nacionales y de la sociedad organizada, en general. Algunas opciones para enfrentar el narcotráfico podrían incluir: 1) el reforzamiento de la vigilancia en nuestras costas y fronteras con suficiente personal bien entrenado, dotado de equipos de última generación, cueste lo que cueste; 2) control severo de las inmigraciones ilegales con un cuerpo fronterizo altamente entrenado y dotado de equipos de última generación, cueste lo que cueste; 3) endurecimiento de las normativas y leyes para combatir el narcotráfico; 4) exigir o restringir el visado a nacionales de países de alto riesgo; 5) control interno del narcotráfico con asesoramiento por expertos, cueste lo que cueste; 6) incrementar las unidades policiales a niveles adecuados y brindarles un entrenamiento con expertos, cueste lo que cueste; dotar a la policía nacional y cuerpos élites de los mejores equipos disponibles en el mercado, cueste lo que cueste. En cuanto al pandillerismo, hay alternativas que pueden resultar, como la implementación de programas de resocialización, educación y entrenamiento, la dotación de puestos de trabajo a los pandilleros resocializados, el incremento de la fuerza policial dedicada a combatir el pandillerismo, su entrenamiento constante en tácticas específicas por expertos reconocidos y la dotación de equipamiento moderno para estas labores. Adicionalmente, se deben mejorar las condiciones e incentivos laborales de la Policía Nacional.

El sistema educativo:

La crisis de la educación pública en Panamá no es nueva. El sistema educativo está en crisis desde hace más de 30 años y a todos los niveles: educación primaria, intermedia y universitaria. Sin embargo, es a nivel de las escuelas primarias y secundarias públicas que la crisis educacional se hace sentir con mayor intensidad pues un niño y un joven mal formados serán ciudadanos y profesionales mediocres. Gran cantidad de maestros y profesores del sector público son productos de este mismo sistema educativo mediocre e insostenible. Muchos de estos docentes no tienen vocación, no están actualizados y ni siquiera tienen buena ortografía así que sus estudiantes (¿o víctimas?) reciben una formación de mediocre a mala. Los programas obligatorios de actualización de docentes que se impartían los veranos, durante las vacaciones estudiantiles, ya son historia, prácticamente, y la supervisión y seguimiento a los maestros y profesores de secundaria ya no se realiza. Al docente se le suministran planes educativos que ya no responden a las necesidades educativas actuales (en función de las demandas del entorno nacional e internacional) y nadie lo supervisa con el fin de constatar que está impartiendo las clases adecuadamente (desde el punto de vista pedagógico) y siguiendo los procedimientos del Ministerio de Educación. Los educadores se mantienen en constante enfrentamiento con las autoridades educativas por la obtención de beneficios y aumentos salariales pero no proponen mejoras al sistema educativo, la actualización permanente de los programas de estudio para los educandos y los programas de actualización de docentes. Los padres de familia alcahuetean la mala conducta y la mala actitud de sus hijos o acudidos dándoles un mensaje muy negativo, en el sentido de que lo que hacen está bien. Se enfrentan a los educadores con insultos y violencia física sin darse cuenta que el mal comportamiento, la mala actitud (irreverente e inconsciente) y las malas acciones de sus hijos y acudidos son reflejo de la situación en sus hogares y de la poca de atención y orientación que les brindan. En otras palabras, de su fracaso como padres, pues la educación básica del menor es responsabilidad inalienable de los padres o acudientes y se imparte en casa (lo relativo a la conducta, la moral, el civismo, la ética, lo espiritual, lo religioso, la sexualidad sana, la disciplina y la responsabilidad) y se refuerza en la escuela. Por otro lado, la estructura y gestión administrativa del Ministerio de Educación es un desastre, por decir lo mínimo. La masificación de la educación y el incremento desmedido de los educandos en los últimos tres decenios ha causado que la reparación y acondicionamiento de las escuelas en las vacaciones de verano sea muy difícil de cumplir pues se pretende atender la enorme demanda de la época con los esquemas y procedimientos de los años 30 del siglo pasado, cuando la república era como un pueblo grande, tenía una baja densidad poblacional y todo se podía resolver de manera rápida y fácil, con criterios pueblerinos. Panamá es uno de los países que más invierte en educación en América Latina (entre 6 y 7% del PIB) y de los que menos resultados positivos obtiene, en términos de calidad de la educación pública.

Sería un enorme avance para Panamá que el gobierno del cambio de Ricardo Martinelli y la Ministra de Educación, Lucy Molinar, lograran resolver la crisis de la educación. Solo se requiere de voluntad política, verdaderos deseos de modernizar la educación pública nacional y el esfuerzo coordinado de todos los actores (autoridades, docentes, padres de familia o acudientes, educandos, sociedad civil) para lograrlo.

¿Cómo abordar el problema? Se requiere de una reingeniería radical y una cirugía reconstructiva masiva para reinventar este Ministerio, uno de los más complejos e importantes del país. Hay que obtener el asesoramiento de expertos nacionales e internacionales en educación para diseñar, probar e implementar un nuevo sistema educativo panameño que responda a las demandas del mundo actual pues, el desarrollo de todo país está, indefectiblemente, atado a la educación. Hay que invertir entre 7.5 a 8% del PIB en este sector y, ojalá, se pudiera llegar al 10%. Sería el dinero mejor invertido del mundo si se invierte en un proyecto de reforma educativa a todos los niveles, diseñado por expertos, e implementado con rigurosidad, a través de una planificación, seguimiento y evaluación científicos, con indicadores bien claros y definidos. Mientras el gobierno actual da los pasos necesarios para esta cruzada, la Ministra Molinar tendrá que hacer uso de su capacidad gerencial, su disposición al diálogo, su creatividad e inventiva, su orientación a la acción, su amor por la patria y su sentido común para orientar la educación del país por la senda de una verdadera modernización que lleve a Panamá a los primeros planos en la materia y contribuya al desarrollo socioeconómico del país.

En su reciente participación en Nueva York, ante la 64 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), iniciada el 15 de septiembre pasado, el Presidente Martinelli, en un emotivo, nacionalista y optimista discurso, señaló que “Vamos a poner los intereses del pueblo primero. Por encima de los intereses personales o partidistas. Porque un país es más importante que un partido político. He escogido a los mejores para que trabajen en el gobierno, sin importar si son de oposición o independientes”. Más adelante sentenció, en tono de premonición, que “Panamá es el sitio ideal para invertir, establecer empresas y para vivir. Vamos a convertir a Panamá en el Hong Kong o Dubai de América”. Fue un discurso muy elocuente y muy esperanzador para el pueblo panameño y envió, también, un mensaje de solidaridad a un mundo que, en vez de armas, necesita paz y la concertación de ideas y voluntades para crear un mundo mejor, en el que todas las naciones progresen. Este blog, Palabra Justa, coincide al 100% con el señalamiento de que el pueblo es primero y está por encima de los intereses personales o partidistas y que el país es más importante que cualquier partido político y, por eso, ha seleccionado a los mejores hombres y mujeres, sin importar sus ideas políticas, para trabajar por el país en su gestión. Hacía mucho tiempo que no se escuchaba a un presidente panameño poner por delante los intereses de Panamá. El pueblo panameño espera que el Presidente Martinelli no se quede en la retórica, que es lo tradicional, y pase a la acción. La sinceridad de sus palabras se revelará a medida que su gobierno avance. Que Dios lo guíe por el camino que él mismo ha señalado en este discurso y durante toda la campaña política que lo llevó a la primera magistratura de la Nación. Por otro lado, la afirmación de que va a convertir a Panamá en el Hong Kong de América, suena bastante optimista pero, para alcanzar grandes logros, primero hay que soñar. Él es un hombre exitoso, un hacedor, y lo ha demostrado a lo largo de toda su vida. Sin embargo, para lograr lo que se propone, primero deberá abordar y resolver con inteligencia y mano firme y justiciera las crisis existenciales que, en estos momentos, agobian a la sociedad panameña, y que se resumen en este artículo.

30 septiembre 2009

Pinceladas Metropolitanas

Transitando por la metrópoli

Quienes conducen un vehículo por cualquier calle o avenida de la Ciudad de Panamá, capital de la República, se horrorizan al ver que del vehículo que va adelante (sea un Mercedes, un BMW, un japonés, un coreano o un humilde LADA) sale una mano y tira en media calle una lata de soda o cerveza, o una botella plástica vacía, o una cáscara de guineo, o un papel u otro tipo de basura. La reacción inmediata del observador consciente de la responsabilidad ciudadana es de gran indignación y exclama o piensa: “¿cómo pueden haber panameños tan inconscientes o tan cochinos?”…

A un costado o en la isleta de una moderna y transitada avenida se observan los improvisados puntos de operación donde vendedores de semáforos empacan algún producto vegetal (plátanos, tomates, guineos, pimentones, pepinos, etc.). Estos consisten de un montón de sucias cajas de madera o plástico, rodeadas de basura (bolsas plásticas, papeles, etc.) y desperdicios vegetales malolientes que, junto con las moscas, se acumulan diariamente en estas improvisadas empacadoras y sus alrededores, dando un mal aspecto a las vías. Esto proyecta a las personas conscientes y educadas, nacionales o extranjeras, una triste y real percepción de la falta de educación y de concienciación del panameño común y una idea de la desidia de las autoridades y de la debilidad de las instituciones responsables de hacer cumplir las leyes. Los panameños educados y conscientes dan el caso por perdido y desvían la mirada en un intento por ignorar tal esperpento, tal desfachatez… Y, tristemente, piensan: “ser pobre o humilde no significa ser cochino”.

Más adelante, un diablo rojo (bus de las rutas urbanas) atestado de pasajeros de pie hasta la misma escalera de entrada y salida, con el pabo (asistente del conductor) con medio cuerpo fuera del vehículo, se detiene sobre la vía para dejar pasajeros y subir otros, interrumpiendo irresponsablemente el libre tránsito del carril, a solo unos metros de la parada de buses. Otro diablo rojo se le atraviesa para quitarle los pasajeros pues está menos atestado de gente. Llevan los equipos de sonido a todo volumen, con una música estridente y vulgar, y se gritan una sarta de indecencias y maledicencias, sin importarles los pasajeros. Inician una regata frenética en plena vía, arriesgando la vida de sus pasajeros, los peatones y las personas que van en otros vehículos. “¡Partida de salvajes!”, les grita el conductor del sedán que va detrás, hastiado y exacerbado de la manera tan abusiva, desconsiderada y brutal de conducir de estos desgraciados.

En un cruce de calles, la luz del semáforo cambia a roja y el vehículo que va adelante la rebasa, colisionando con otro que tenía la luz verde a su favor. Los dos vehículos son dejados en mitad del cruce, generando una tremenda congestión vehicular, por la larga y resignada espera por un policía de tránsito que tome las declaraciones de las partes y haga el parte policivo, a pesar de que el infractor que rebasó en luz roja reconoció su culpabilidad y de que los dos vehículos están asegurados, ya que es obligatorio.

Dejando atrás el accidente, el vehículo continúa su recorrido detrás de un taxi. Un peatón -situado exactamente en una salida hacia la vía principal- hace señas al taxi, que se detiene sobre la vía, obstruyendo la salida, para recoger al usuario. “¡Estúpidos!...”, exclama, furibundo, el conductor de un auto que intenta salir hacia la vía principal y no puede, por el taxi. Finalmente, después de intercambiar información, el taxista decide no llevar al pasajero a su destino… Con un poco de sentido común y de respeto hacia los demás, este tipo de abusos no ocurrirían. Falta mucha educación y concienciación acerca de las responsabilidades viales tanto de los peatones (buenas prácticas peatonales) como de los conductores en general (buenas prácticas de conducción) ya que, aunque son los taxistas y los conductores de buses de ruta los infractores más frecuentes, también muchos otros conductores cometen estos abusos que hacen de Panamá un país casi barbárico, incivilizado. En fin, se detuvo toda la línea de vehículos detrás del taxi, se formó una intensa sonadera de bocinas (tocadera de pitos o pitadera, como decimos los panameños) y la luz del semáforo, que estaba en verde, cambió a roja, recibiendo el peatón y el taxista un tumulto de maldiciones, sin saberlo.

Al salir la luz roja, una nube de vendedores de semáforos se abalanza sobre los vehículos, ofreciendo periódicos, billetes de lotería, vegetales y/o frutas empacados al margen de todas las normas de inocuidad, hermosas rosas de todos los colores, CD’s de audio y DVD’s pirateados con las últimas canciones y películas de la pantalla grande (incluyendo las pornográficas), estuches y accesorios para celulares, lentes para el sol, paraguas, chicles y golosinas, bolsas para basura, así como una increíble variedad de mercancías. No faltan los limosneros profesionales (menores de edad de ambos sexos, adultos sin vergüenza, piedreros y/o discapacitados) y los portadores de alcancías autorizados para recolectar dinero para distintas causas u objetivos. Tampoco faltan los limpia vidrio que sorprenden al conductor desprevenido chorreando agua sobre el parabrisas o el vidrio trasero de los vehículos para inducirlos a permitir la limpieza del vidrio por la módica suma de 10 centésimos de Balboa. Cuando la luz cambia a verde, algunos conductores están entretenidos con estos itinerantes del semáforo, entorpeciendo el libre tránsito vehicular.

Reflexiones

La pregunta más obvia es: ¿dónde están las respectivas autoridades nacionales? A cualquier panameño o ciudadano que quiere, de verdad, este país y desea lo mejor para Panamá le da mucha vergüenza que se haya tenido que crear a los caza cochinos para evitar que la recién inaugurada cinta costera sea convertida, en poco tiempo, en un vertedero peor que el vertedero municipal de Cerro Patacón. Habrá que crear una policía especial para velar por la limpieza y el aseo en toda el área metropolitana e imponer sanciones a los ciudadanos cochinos e inconscientes que piensan, cómoda y mediocremente, que se puede tirar basura a las calles pues a las Damas de Amarillo de la DIMAUD se les paga para recogerla o que los pepenadores itinerantes se llevarán las latas de aluminio. ¡Qué pensamiento tan estúpido, barbárico y absurdo! Algo pasa con la educación en el hogar y en la escuela primaria. Hay que tomar acciones urgentes para crear conciencia entre la ciudadanía.

Algunos conductores de diablos rojos, maleantes con licencia para matar, conducen drogados y muchos han acumulado miles de Balboas en multas por manejo desordenado, que adeudan al Estado. Sin embargo, las autoridades se hacen de la vista gorda y permiten, en absurda complicidad, que estos mal llamados profesionales del volante sigan conduciendo, cometiendo toda clase de infracciones, abusos, atropellos y matando gente inocente, en vez de suspenderles de por vida la licencia de conducir -como corresponde- dando un alto y claro mensaje de certeza de castigo. ¿Será que estos señores están protegidos y/o hay coimas por debajo de la mesa? Por otro lado, se debe aplicar sanciones ejemplares a los dueños de los destartalados buses por permitir que estos salvajes conduzcan (ellos son peores que los maleantes que tienen por conductores). Por supuesto, hay conductores que son responsables, es cierto, pero, lamentablemente, son la inmensa minoría. Las manzanas podridas tienen que ser eliminadas del sistema y buscar verdaderos profesionales del volante que sean responsables y deseen hacer las cosas correctamente. Obviamente, falta normar y regular seriamente el sistema de transporte y la vialidad de la metrópoli y elaborar un perfil del conductor profesional, de modo que cualquier mequetrefe no pueda calificar como conductor de los buses de ruta.

Los conductores de vehículos desde los que se tire basura a las calles deben ser detenidos, obligados a recoger la basura, amonestados y/o sancionados (pecuniariamente y/o quitando puntos en la licencia de conducir). De este modo, tendrán que aprender que también tienen responsabilidades ciudadanas, entre éstas no ensuciar las calles y sus alrededores. Recordemos que en la antigua Zona del Canal, bajo jurisdicción de los Estados Unidos, ningún ciudadano panameño osaba tirar basura en las calles, que siempre se mantenían limpias, porque había certeza de sanción. Todo se veía nítido y aseado, lo que daba una sensación de placer. Los infractores, simplemente, aprendían la lección.

Hay que normar, reglamentar y regular o emitir disposiciones alcaldicias, con el fin de ordenar las actividades de la economía informal para que los vendedores de semáforos tengan puestos de empaque que cumplan con requisitos mínimos (de infraestructura y ubicación) y no ensucien las calles, afectando el ornato y aseo de nuestra bella ciudad capital. Habrá que impartirles algún tipo de charlas periódicas de motivación y concienciación, con seguimiento, para que comprendan que su responsabilidad ciudadana va mucho más allá de obtener honestamente el sustento familiar diario. Deben entender que también tienen un compromiso con la sociedad de no afear y ensuciar todo a su alrededor y contribuir, con responsabilidad cívica, a mantener las calles de la ciudad limpias y con buena apariencia. Una opción que no debe descartarse es la prohibición de todo tipo de actividades en los semáforos. Esto evitará que, en algún momento, ocurran atropellos y muertes de estos ciudadanos. El Estado tendría que procurar que estos ciudadanos se ganen la vida de otra manera, creando programas y opciones con este objetivo.

Tampoco debe permitirse la mendicidad en los semáforos y calles, mucho menos de los menores de edad, cuyos padres deben ser localizados, amonestados y/o sancionados por tan indigna actitud y por el mal ejemplo de formación que dan a sus hijos, que son el futuro de la patria. Este es un espectáculo bochornoso, por decir lo mínimo, y deja mucho que desear de la sociedad panameña. El Estado tiene que hacer algo al respecto. En Panamá nos preciamos mucho de tener un país en franco desarrollo, con crecimiento económico anual positivo durante los últimos tres años (11.5% en 2007, 9.2% en 2008 y se espera cerrar este año con un crecimiento del 2% o más, a pesar de la funesta depresión económica mundial que durante la mayor parte del año ha diezmado las economías a escala global) y con una capital entre las más modernas de América Latina. Sin embargo, adolecemos de fallas graves como la mala distribución de la riqueza y el pensamiento equivocado de muchos ciudadanos que tienen una actitud muy cómoda ante la vida y creen que sus responsabilidades como personas solo alcanzan las esferas familiares y del trabajo. Que no tienen responsabilidades ciudadanas como las que se citan en este artículo, que hacen que la vida sea más elegante, digna y llevadera.

El problema del transporte público en el área metropolitana es de nunca acabarse y constituye una gran vergüenza para Panamá. Solo se requiere voluntad política y la concertación ciudadana para eliminar el actual desorden y crear un verdadero sistema digno y eficiente para todos los ciudadanos y visitantes de la capital. Como el transporte público es pésimo e indigno, el panameño común trata de adquirir un auto para evitarse el sufrimiento y el trauma que significa ser un usuario del mismo. Por esta razón, las calles están siempre atestadas de vehículos, lo que hace que la ciudad de Panamá sea hostil, en cuanto a vialidad se refiere. Además, somos expertos en crear cuellos de botella que complican más la crítica situación del tránsito vehicular. Por ejemplo, permitir la construcción de los accesos y salidas de vehículos de un restaurante o negocio ubicado en un cruce de calles muy concurrido, directamente a la vía principal. Otra mala práctica es la reparación o ampliación de calles en las horas diurnas, en que la actividad en la ciudad es muy intensa, en lugar de adoptar horarios nocturnos y/o implementar sistemas flexibles que no interrumpan o entorpezcan la vialidad. La falta de ordenamiento en las entradas y salidas desde y hacia las avenidas o calles principales de una manera inteligente y funcional, que no forme cuellos de botella y la regulación o eliminación de los excesivos cruces en las avenidas o calles principales que crean permanentes congestionamientos o tranques vehiculares impidiendo el flujo eficiente de los vehículos y entorpeciendo todas las actividades de la metrópoli. El uso de semáforos tontos pésimamente sincronizados, en vez de la semaforización inteligente, también dificulta la vialidad en la metrópoli.

Percepciones

Se requieren soluciones urgentes y efectivas para educar a los panameños comunes que habitan en el área metropolitana sobre sus responsabilidades civiles, a través de programas, proyectos y actividades orientadas a este fin. Hay que lograr un cambio en la actitud cómoda e irresponsable de muchos, con el fin de que la convivencia ciudadana sea de respeto y consideración con los demás y se establezca un clima generalizado de civilidad que le de otra cara a la ciudad capital, una cara limpia, ordenada y sosegada. Las autoridades nacionales tienen que ejercer su rol con mano firme y hacer cumplir las leyes de manera estricta y efectiva para que los ciudadanos tengan la certeza de que si las infringen, se les aplicará todo el peso de la ley. Autoridades permisivas y/o corruptas no hacen más que empeorar la situación actual. El pésimo y anárquico transporte público, la falta de vialidad, el desaseo de la ciudad (causado por un gran sector de la ciudadanía carente de concienciación ciudadana) y el desorden general en la metrópoli son ejemplos clásicos. También hay que normar y regular la economía informal de modo que se cuenten con parámetros o reglas que enmarquen estas actividades adecuadamente, para satisfacción de toda la ciudadanía.

Panamá se está desarrollando a pasos agigantados y acelerados. Hace apenas tres decenios éramos, todavía, una aldea, un pueblo, con costumbres casi bucólicas y muy pocos problemas de criminalidad, de transporte o de vialidad. Hoy, el progreso y la modernidad han traído muchos avances y beneficios para el país y hemos despertado al turismo en general. Por fin el país se está desarrollando y está utilizando, para beneficio propio, sus recursos y riquezas naturales como son la posición geográfica, la rica biodiversidad y la vocación marina (Panamá es un país continental con uno de los más altos índices de costas en ambos océanos por unidad de superficie); además, la economía basada en los servicios y el comercio, la Zona Libre de Colón e, indudablemente, el canal, las obras para su ampliación y el ferrocarril transístmico son ejes de desarrollo que han catapultado la economía nacional a niveles jamás sospechados, especialmente después de la reversión del canal y las zonas aledañas, antes bajo jurisdicción de los Estados Unidos.

Sin embargo, no todo ha sido beneficios y ventajas. La sociedad panameña está experimentando un rezago, un enorme desfase o vacío sociocultural, producto de la intensa presión social, cultural y económica a la que está siendo sometida, en especial su célula básica, la familia, como resultado del crecimiento desmedido y acelerado de la economía nacional en los últimos años y para los cuales la Panamá bucólica no estaba preparada y, aún, no ha podido asimilar. Irónicamente, el crecimiento económico acelerado también demanda mucha mano de obra calificada no existente en el país y ofrece oportunidades laborales jamás conocidas o imaginadas en Panamá. Hay una masiva importación de mano de obra calificada y la llegada de muchos inversionistas extranjeros, atraídos por la bonanza económica, incluyendo el atractivo megaproyecto de ampliación del canal interoceánico (una inversión multibillonaria con muchas y magníficas oportunidades de empleo y negocios) y la construcción de rascacielos y resorts por el boom del sector de bienes raíces y el del turismo. Como resultado, el costo de la canasta básica y el costo de la vida, en general, se han elevado geométricamente por el incremento sin precedentes en la demanda de alimentos y todo tipo de bienes y servicios para los inmigrantes, que gozan de niveles económicos mucho más altos que el promedio de los panameños. También llegan miles de inmigrantes legales e ilegales, que hay que regular estrictamente, buscando beneficiarse de la economía nacional y aceptando salarios más bajos, compitiendo ventajosamente con el trabajador panameño o desplazándolo en el mercado laboral. Esto ha causado la fragmentación y pauperización de la clase media panameña y ha creado un lumpen de pobreza y de pobreza extrema nunca antes visto, desde los tiempos de la anexión voluntaria a Colombia. Tristemente, los ciudadanos de los estratos medios a bajos continúan con los salarios congelados y un poder adquisitivo cada vez menor, lo que ha llevado a la economía familiar al borde del colapso y a un grave deterioro de la calidad de vida del pueblo panameño. La población pobre y la extremadamente pobre crecen a expensas de la clase media, totalmente empantanada en una burbuja de hiperinflación (14% de incremento en la canasta básica desde agosto de 2009) que solamente ellos experimentan en carne propia. Este es el medio de cultivo ideal para una explosión social que el gobierno de turno deberá enfrentar y resolver con soluciones innovadoras, prácticas e inteligentes, a fin de equilibrar la economía y la calidad de vida de todos panameños.

08 agosto 2009

Monólogo de un sesentón…

Cómo iba yo a imaginarme que algún día tendría 60… No es para reírse, le digo… Cuando tienes entre 13 y 20 la vida te sonríe y todo te parece muy lejano… La palabra “planificar” o la frase “hacer planes” te dan náuseas. Te parecen una locura, pues hay tiempo de sobra… ¡Hay que gozar y parrandear, todos los días, si es posible, hasta que cante el gallo! ¡Eso es vida! No entendemos por qué se nos regaña cuando dejamos la luz encendida, los vasos regados por toda la casa, los cuartos desordenados, los abanicos o el aire acondicionado funcionando horas interminables… y un larguísimo etcétera… Nos ofende profundamente cuando papá o mamá nos “echan en cara” el apoyo que nos dan para que tengamos lo que necesitamos para estudiar una carrera y “llegar a ser alguien”… qué fastidio cuando hay que pedir permiso hasta para ir a la tienda del chinito… o a la esquina a “parquear” con los amigos… ¡Están como locos…! No entendemos cuando nos dicen: “algún día te acordarás de mi, de mis palabras, de mis consejos”… Entre los 20 y los 25 ya comienzas a valorar el tiempo. No eres viejo aún pero tampoco eres del todo joven… Comienzas a ver la vida con más seriedad y los jóvenes de 20 o menos te parecen unos pelaos, unos chavales, unos niños incoherentes, que no razonan… A estas alturas ya te preocupa el futuro, lo que harás con tu vida… Todavía tienes muchos años por delante pero ya sientes que tienes que aterrizar, tomar control de tu vida. Si todavía vives en la casa paterna, ya sientes que tus padres te miran con hostilidad como preguntándose: “¿cuándo será que se independizará?” Total, ya haces lo que te viene en gana y ni pides permiso para salir, ni preguntas a qué hora puedes a llegar… Si ya trabajas y estudias de noche en la U, te sientes el dueño del mundo y tienes tu grupo de amistades alrededor de las cuales gira tu vida… Ellos son más importantes que tus padres y hermanos… Y los viejos, ya están oxidados… De los 25 a los 30, la cosa se pone crítica… ya estás pensando en casarte, en comprar un auto, una casa o un apartamento propios… Formar tu núcleo familiar, tener tus hijos. Lo malo es la cantidad de agobiantes responsabilidades que te van cayendo encima… Waooooo, yo no sabía que la vida es tan dura… Ahora tengo que pagar de todo: agua, electricidad, teléfono fijo, teléfono celular, cable TV, internet, la letra de la casa, etc., etc., etc…. Qué cara está la comida, solo el super me deja casi sin dinero para el resto de las obligaciones… ¡Qué frustrante, no puedo ni ahorrar…! Tenían razón los viejos, ¡cómo recuerdo sus regaños, sus consejos! ¡Qué delicioso era vivir sin tener que enfrentar obligaciones, sin tener que pensar en lo que voy a comer mañana, en qué voy a hacer para resolver tal o cuál problema…! De los 30 a los 40 los hijos son tu mayor preocupación. Ya pasaste a un segundo o tercer plano pues ya ni tu cónyuge te presta mucha atención… Todas son para los niños… La prioridad son los niños y cómo sobrevivir hasta la próxima quincena sin que el banco te eche de la casa o te quite el auto, el carro, como decimos los panameños… La comida de la familia, la mensualidad de la escuela de los pelaos, las cuentas de la casa, el salario de la empleada (la colaboradora doméstica, como les llaman ahora, elegantemente)… Por suerte, los pelaos están chicos y no comen tanto todavía… ¡Ya no me alcanza ni para el helado…! Cuando estás entre los 40 y los 50, inicia el período de las 7 plagas de Egipto… ¿o eran 12? Entonces, te das cuenta que la juventud se te escapa entre los dedos y te acuerdas, con frecuencia, de Calderón de la Barca: juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver… Cuando quiero llorar no lloro… y a veces lloro sin querer… Los niños crecieron y ya son adolescentes… Ya no tienes paz pues se han rebelado contra tu autoridad y te cuestionan y discuten todo, menos el día antes del estipendio quincenal. Después del pago, ni te voltean a ver… hasta que se aproxima la siguiente quincena… En este punto, vuelves a extrañar tu niñez y adolescencia y a recordar las palabras y consejos de tus viejos… Te invade un terrible sentimiento de culpabilidad al pensar en los difíciles días que les dimos y al comprender que tenían razón… Nos sentimos después como unos mensos, unos idiotas, al escucharnos gritar a nuestros hijos: ¡apaga la luz, se ve que tu no la pagas! ¡¿Quién dejó el aire encendido (prendido, como decimos los panameños)?! ¡Carajo, llenen las benditas botellas para que siempre haya agua fría! ¡¿A quién le toca fregar esta noche?!... ¡Arregla tu cama! ¡No dejes los zapatos tirados en la sala, por Dios!... De los 50 a los 60 ya te hacen sentir como un anciano… De hecho, te aproximas a la tercera edad. Ya en el trabajo te miran como una pieza de museo… Si te botan, es casi imposible conseguir otro trabajo. Hay un increíble prejuicio en contra de las personas en esta edad… Nos creen unos inútiles… Todavía sientes que corre sangre caliente por tus venas y te sientes más o menos bien… Sientes que puedes dar mucho más de ti y tienes una invaluable experiencia que muchos colegas, compañeros de trabajo y jefes no valoran… Te asaltan pensamientos lúgubres sobre tus, cada vez más cercanos, días de la ancianidad: seguramente, me meterán en uno de esos asilos donde las moscas te acosan constantemente y me irán a visitar de vez en cuando. El día que me muera, ni se darán cuenta… A los 60, a solo dos o menos años de la jubilación, ya estás pensando lo que harás con tanto tiempo que tendrás disponible. Si aún no tienes nietos, como yo, prepárate pues tus hijos te convertirán en niñero o niñera de sus hijos, tus nietos… Al menos, eso es lo que dicen mis amigos que ya llegaron a esa etapa: papá, en la tarde iremos al cine y te llevaremos a los niños por un rato… Ese rato, por supuesto, son cuatro o cinco horas pues no te dijeron que después del cine irían al restaurante, a bailar o a la discoteca… En fin, dicen mis amigos con un mohín de resignación, son mis nietos y los quiero mucho, como si fueran mis hijos cuando estaban chicos… y entornan sus ojos soñadoramente, como evocando épocas pasadas… Yo no puedo hablar de esto todavía pues aún Dios no me ha traído nietos… veremos… Lo que sé es que estoy cargado de planes maravillosos para el futuro y percibo que se acerca una de las mejores etapas de mi vida…

10 junio 2009

Panamá, 3 de mayo de 2009: triunfo de la opositora Alianza por un Cambio y la actitud de cambio

En las pasadas elecciones generales en la República de Panamá, el 3 de mayo de 2009, la alianza opositora (con Cambio Democrático y el Partido Panameñista a la cabeza) logró una contundente victoria sobre la alianza oficialista, encabezada por el Partido Revolucionario Democrático (PRD), con un aplastante 60% de los votos emitidos, correspondientes al 73% de la población votante, de 1.5 millones de panameños.

La opositora Alianza por un Cambio centró su campaña en el planteamiento del cambio, para señalar que el país requiere de un cambio radical en el enfoque y estilo de gobernar tradicionales de la partidocracia imperante, especialmente el partido o alianza partidaria que accede al poder ejecutivo y la correlación de fuerzas en el poder legislativo. Pero, más allá aún, la forma de hacer oposición es deplorable, por el daño que causa a la nación, con los partidos de oposición cuestionando y obstaculizando todas las iniciativas del gobierno de turno, para hacerlo quedar mal ante la ciudadanía, allanando así su camino para el siguiente período eleccionario.

Y es que en Panamá, tradicional y lamentablemente, el partido o la alianza que llega al poder gobierna el país para el beneficio de su organización política, sus cúpulas y sus miembros. Lo que sobra del pastel gubernamental, que es muy poco, es para contentar y confabular a los partidos de oposición, con el fin de perpetuar el tradicional sistema partidocrático a ultranza y seguir aprovechándose de él, per saecula saeculorum... Por supuesto, las necesidades del pueblo, de la ciudadanía en general, en términos de calidad de vida y desarrollo humano, no son la prioridad y, por consiguiente, no son atendidas en absoluto. La ambición y/o la corrupción de los oportunistas políticos del momento (algunos donantes de fondos a las campañas, los parientes, los amigos, los militantes y demás) se toma el sector público, depredándolo a su gusto y antojo, con la complicidad de los partidos políticos. Este nefasto rejuego político dura los cinco años del gobierno de turno y, además de estresante y desgastante, resulta tanto o más destructivo para el país que las mismas dictaduras, con la única excepción de que -hasta el momento- hay respeto por la vida y, hasta cierto punto, la honra de los ciudadanos. Como rezaba el ya famoso eslogan político de Ricardo Martinelli durante su intensa, arrolladora y exitosa campaña política, “entran pobres y salen ricos”, en alusión directa a esta vergonzosa y deplorable práctica… Los ejemplos de esto son abundantes…

Uno de los resultados más interesantes de la recién pasada campaña electoral que culminó con las elecciones generales el pasado 3 de mayo, que supone un rudo golpe a la partidocracia, es la decisión de la Corte Suprema de Justicia de declarar inconstitucional el Artículo 233 del Código Electoral en el que se señala que solo los partidos políticos legalmente establecidos pueden postular candidatos a la Presidencia y Vice Presidencia de la República, aunque admite la libre postulación en otros cargos de elección popular. Esta decisión se tomó a instancias de una demanda de inconstitucionalidad presentada por Juan Jované, economista y catedrático universitario. A partir del próximo período electoral se permitirá, entonces, la postulación libre de candidatos a estos altos cargos del Poder Ejecutivo. Con esta decisión se perfecciona la democracia panameña, que gana en profundidad y estabilidad, sentando un precedente en la región centroamericana.

La alianza opositora también hizo énfasis en el catastrófico fracaso del gobierno del PRD en resolver los graves problemas del transporte, la salud, la educación, la seguridad pública y el costo de la canasta básica, que disminuyen severamente la calidad de vida y el índice de desarrollo humano del pueblo panameño (2), especialmente de las capas medias y bajas, que son la inmensa mayoría. Además de ser una vergüenza nacional, da tristeza y dolor que -siendo Panamá un país rico, pues lo es- sea uno de los más atrasados del Continente Americano, en materia de equidad social, con una inmensa clase media baja y un lumpemproletariado enorme y en constante crecimiento. La preocupante pauperización de la clase media trabajadora (por los bajos salarios estancados y los incrementos constantes en el costo de la canasta básica) y el crecimiento de la economía informal (de buhonería y de semáforos) son señales y efectos inequívocos de la rapacidad e indolencia de la clase política y de la partidocracia panameñas tradicionales. Por otro lado, el crecimiento económico de Panamá se refleja solo en el sector empresarial y de los grandes consorcios y en el mundo de la construcción (de rascacielos, de grandes centros comerciales, de urbanizaciones exclusivas) y el turismo inmobiliario y de bienes raíces, básicamente orientados a la clase económica alta y a los inversionistas locales y extranjeros. Estos temas fueron importantes promesas de campaña que llevaron al PRD y a Martín Torrijos Espino a una victoria muy cómoda sobre el entonces oficialista Partido Panameñista -en las elecciones generales de mayo de 2004- y que su gobierno no pudo resolver. Precisamente, otro de los eslogans políticos de la campaña Martinelli - Varela era: “si quieres más de lo mismo, vota por el PRD”.

En este blog, Palabra Justa, se publicaron una serie de artículos -en los años 2006, 2007 y 2008- con análisis profundos de la psicología de los panameños, la educación, el transporte, la salud, la crisis socioeconómica nacional y la política criolla, entre otros temas relacionados con la sociedad panameña. Incluyen soluciones y recomendaciones dirigidas a la ciudadanía y al gobierno del PRD, indicando la necesidad de cumplir las promesas de campaña, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los panameños de abajo e incrementando las posibilidades de éxito en los comicios que acaban de culminar, con la aplastante y humillante derrota de este colectivo político que no supo resolver los más apremiantes problemas que enfrenta el panameño común en su diario vivir (ver Bibliografía Consultada).

El pueblo ya está cansado de las falsas promesas y de la retórica barata que los políticos criollos, con contadas excepciones, pregonan cada cinco años en los tinglados políticos para ganarse, engañosamente, los votos del electorado. Estamos en el mismísimo borde de una crisis social de grandes y peligrosas proporciones. Por estas razones, la propuesta de la alianza opositora se impuso fácilmente pero, al mismo tiempo, generó una enorme expectativa entre la ciudadanía y en la comunidad internacional. ¿Podrá la alianza triunfadora, aunque sea medianamente, cumplir sus promesas electorales de producir un verdadero cambio en la forma de gobernar el navío de la nación, elevando los niveles de calidad de vida y desarrollo humano del pueblo panameño, con inclusión efectiva de todas las clases sociales, propiciando un verdadero y sólido desarrollo socioeconómico sostenible para Panamá? Es imperativo detener el acelerado empobrecimiento de la clase media, potenciando su capacidad económica conjuntamente con la de las capas sociales más bajas, dinamizando la economía nacional y el progreso y desarrollo generales.

Según el Diccionario de la Real Academia Española (vigésima segunda edición), dos de las principales definiciones de cambiar son: “dejar una cosa o situación para tomar otra” y “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contraria”. Este artículo gira en torno a esa promesa de cambio y a la verdadera actitud de cambio que deberá asumir e implementar el gobierno entrante de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, a partir del 1 de julio de 2009.

La verdadera actitud de cambio:

Lo que verdaderamente quiere el pueblo panameño es que los llamados a administrar los destinos del país, durante los cinco años posteriores a unas elecciones generales, se dediquen a esta labor a tiempo completo, sin injerencias ni distracciones de la política partidista, con una visión de Nación, de Estado. Al fin y al cabo, el Presidente de Panamá es el Presidente de todos los panameños y debe velar por el bienestar de todos y no solo de los miembros de su partido político, sus simpatizantes, sus familiares y amigos, que es lo que ha venido sucediendo durante muchos años.

La verdadera actitud de cambio, entonces, implica la desvinculación del presidente electo, su gabinete presidencial (los ministros y funcionarios del mismo nivel) y todo su equipo de trabajo (directores de instituciones públicas) de la política partidista, durante los cinco años de gestión gubernamental. Esto eliminaría la presión política que ejerce el partido o alianza política que los llevó al poder y los liberaría de sentirse comprometidos a conceder posiciones o cargos en los mandos altos y medios del gobierno, en pago por el apoyo recibido en el período eleccionario. Este modus operandi es una lacra institucionalizada a nivel de gobierno y representa una especie de chantaje político que hace que, en muchos aspectos, el Presidente, su gabinete y su equipo tengan las manos atadas.

Lo óptimo sería que el Presidente Electo, sus ministros y su equipo de trabajo puedan elegir su personal entre los candidatos con mejor Curriculum Vitae o mayor mérito -en relación a su preparación, experiencia, ejecutorias y honestidad- sin importar el partido político al que pertenezcan. ¿Acaso no es esto lo que más conviene a la Nación?

La verdadera actitud de cambio también implica que el nuevo gobierno promueva, a través de la sensibilización (charlas, capacitaciones, seminarios, talleres), la actitud de servicio correcta en todos los servidores públicos. Los servidores públicos no están para servirse del Estado sino para servir al Estado, al país, cumpliendo sus funciones con eficiencia, honestidad, transparencia y buena disposición. Por supuesto, actitud de servicio no tiene nada que ver con servilismo sino, todo lo contrario, con dinamismo, iniciativa propia, imaginación en la ejecución de funciones, pro activismo.

El gobierno del cambio:

El lema de los gobiernos tradicionales en Panamá pareciera ser: “gobierno de la partidocracia, por la partidocracia y para la partidocracia”, en abierta oposición a la célebre frase de Abraham Lincoln (Gettysburg, 1863), “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Esta corta frase, llena de sabiduría y contenido social y político, encierra lo que todo el pueblo panameño espera de sus gobernantes.

Que el Presidente de un país pueda ser, al mismo tiempo, el presidente o secretario general de un partido político y participar en las reuniones de su colectivo político, al mismo tiempo que ejerce la primera magistratura de la Nación, es absolutamente incompatible con los más sagrados intereses de cualquier Nación y representa un atentado contra la democracia y la justicia. Esto es barbárico e inmoral y genera, al mismo tiempo, un innegable conflicto de intereses. Sin embargo, es permitido en Panamá. En la Constitución Política Nacional deberían introducirse disposiciones al respecto, para impedir que esto continúe sucediendo. Lo más noble y adecuado es que una vez que un Presidente Electo, su gabinete y su equipo de trabajo asumen las riendas del nuevo gobierno y del país, se aparten completamente de la política partidista y se dediquen, con exclusividad, a sus funciones de administrar el Gobierno y el Estado. Sería un acto histórico y maravilloso que el gobierno de Ricardo Martinelli propiciara y lograra (o, al menos, iniciara) estos cambios necesarios para el perfeccionamiento de la democracia en Panamá, a través de una Asamblea Constituyente.

Sin lugar a dudas, los temas que el gobierno saliente del PRD no pudo resolver son de gran significancia para la sociedad panameña y el gobierno entrante de Martinelli-Varela está obligado a abordarlos ipso facto y a solucionarlos con prestancia. El pueblo panameño lo demanda para mejorar su calidad de vida y, al mismo tiempo, mejorará el índice de desarrollo humano del país. Los temas de mayor importancia son: el transporte público en la ciudad de Panamá, el sistema de salud pública, la educación pública, la seguridad pública y el costo de la canasta básica y la seguridad alimentaria. Se comentará, brevemente, sobre cada uno de ellos. Hay otros temas de gran importancia que no se abordarán en este artículo, como el alto costo de la generación de energía eléctrica, el alto costo del combustible fósil (especialmente el petróleo) y la resistencia de las autoridades a explorar otras alternativas.

Transporte público en la ciudad de Panamá: Sea el metro, el monorriel u otro sistema que sea eficiente, económico y esté a la altura del pueblo panameño, se debe gestionar inmediatamente. Es prioritario eliminar el infame, indigno e ineficiente sistema de los “diablos rojos” por un sistema de transporte masivo económico que evite que el ciudadano común tenga que salir de su hogar a las 3 ó 4 de la mañana y esperar una o dos horas en la piquera o terminal para tomar un bus, en mal estado, sin seguridad y atestado de pasajeros hasta los estribos, que lo lleve al trabajo para iniciar sus funciones de mal humor y en un estado de gran estrés. Cuando finaliza la jornada laboral, lo mismo, a la inversa. El ciudadano llega a su residencia a las 7, 8 ó 9 de la noche, agotado, sin ganas de participar en las actividades familiares y en un estado de ánimo sombrío. No hay calidad de vida en el sistema de transporte público.

Sistema de Salud Pública: El ciudadano panameño de las capas medias y bajas, que utiliza el sistema de seguridad social, tiene que llegar a las clínicas y policlínicas a las 3 ó 4 de la mañana y hacer largas filas durante interminables horas para obtener un cupo con un médico o para el laboratorio. Con frecuencia, las citas médicas son para las horas de la tarde, así que el ciudadano tiene que pasar muchas horas, todo el día, para que lo atiendan. Si tiene la mala suerte de necesitar una operación urgente, tendrá que esperar unos meses antes de poder conseguirla. Quizás, para entonces, ya sea muy tarde. El cuadro de medicamentos, por otro lado, está más vacío que caldero de indigente y el pobre “asegurado” tiene que ir a una farmacia privada, con dinero prestado, para comprar solo parte de las medicinas ya que son las más caras de América Latina. Hay un sucio negocio detrás de esto. Se juega con la salud y la economía del pueblo, de la gente pobre. No hay calidad de vida en esto.

Educación Pública: Panamá es uno de los países latinoamericanos que más dinero invierte en la educación y uno de los que menos resultados obtiene, en términos de la deficiente preparación de los educandos. Nunca hay acuerdo ni cordialidad entre las autoridades ministeriales y los dirigentes educadores, para modernizar y mejorar los planes educativos adecuándolos a la realidad y al mercado laboral actual. Estos últimos solo luchan por aumentos salariales y conquistas laborales pero no les interesa su propia superación y excelencia profesional ni la calidad de la educación que imparten. Las escuelas nunca están en condiciones al inicio del año escolar por una torpe falta de planificación, seguimiento y evaluación -tanto de docentes como de autoridades ministeriales- y un exceso de “burrocracia” en el sistema estatal de inversiones. Es una excelente demostración de ineptitud, en grado superlativo. Los educadores piden libros que, con frecuencia, no se consiguen en las librerías y -cuando hay la suerte de encontrarlos- son extremadamente caros para los padres de familia de las capas medias a bajas, para el pueblo, para los pobres, que utilizan el sistema de educación pública para educar a sus hijos, porque todo se hace con un criterio mercantilista y nadie defiende los intereses del pueblo panameño. En ocasiones los docentes preparan sus propios “textos”, al margen del Ministerio de Educación, que venden barato pero que sirven de poco. Pareciera que ya no hay vocación en los educadores y/o que los salarios son tan bajos que tienen que trabajar en varias escuelas y rebuscarse como puedan para poder vivir con “dignidad”. Tampoco hay calidad de vida aquí, ni para docentes, ni para educandos, ni para padres de familia.

Seguridad Pública: Actualmente, este es un tema de importancia vital. Los índices de criminalidad han alcanzado niveles insospechados, nunca antes vistos en Panamá. Los narcotraficantes y los pandilleros se han tomado las calles. La mayoría de los asesinatos son perpetrados por sicarios menores de edad manipulados, tras bastidores, por adultos sin escrúpulos, sin Dios y sin ley. Hay que endurecer grandemente las leyes panameñas pues son extremadamente benévolas con los menores infractores, lo que hace que sea atractivo utilizarlos como asesinos a sueldo. Los maleantes poseen mejor armamento que la Policía Nacional pues el tráfico de armas, incomprensiblemente, no puede ser detenido (se tiene que investigar quién lo protege y aplicarle todo el peso de la ley). Los ajusticiamientos o ejecuciones por “tumbes” de drogas o peleas por territorios entre pandillas, ocurren diariamente. Algunos turistas que, al entrar al país, declaran dinero para compras en la Zona Libre de Colón son asaltados al salir del aeropuerto, por lo que es obvio que uno o más funcionarios del sistema (que tienen acceso a la información) son cómplices de los asaltantes y están bien protegidos. Los privados de libertad que tienen recursos pueden comprar celulares y muchos otros privilegios, incluso la evasión del sistema penitenciario. La Policía Nacional es comandada por civiles sin conocimientos, sin preparación y sin experiencia en estas funciones tan delicadas y complejas, por temores infundados a los golpes de Estado y el regreso de la dictadura castrense, cuando hay muchos mecanismos para prevenirlo. El resultado es que esta institución está desorganizada y desorientada y no puede ofrecer un servicio óptimo a la población, en términos de seguridad ciudadana. En fin, el ciudadano, en general, vive en estado de permanente inseguridad, de indefensión, y es presa de una psicosis colectiva por la falta de seguridad. Esto, ciertamente, disminuye la calidad de vida.

Costo de la Canasta Básica y seguridad alimentaria: El pueblo no recibe los beneficios de la economía de libre mercado, del neoliberalismo, de la globalización. Los ahorros derivados de la importación de alimentos más baratos (por la eliminación progresiva de los aranceles a los productos importados y de otras medidas consideradas proteccionistas) se quedan en los bolsillos de los comerciantes y no llegan al consumidor. El costo de la canasta básica se incrementa constantemente y los salarios están estancados. El resultado es la reducción progresiva del poder adquisitivo de la población, que impacta duramente la economía familiar de las capas medias y bajas de la sociedad. Por otro lado, la competitividad del productor nacional (que contribuye de manera significativa a la creación de empleos) es afectada negativamente, al tener que adquirir insumos agropecuarios a muy alto precio y tener que competir con productores de otros países, altamente subsidiados, en un mercado con grandes distorsiones, que favorece la importación de alimentos frescos (en detrimento de la producción nacional) y resta capacidad de exportación a los productos nacionales. El alto costo de la canasta básica y la frágil seguridad alimentaria restan calidad de vida a los panameños.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA DE ESTE BLOG

1. Actualidades panameñas. Blog “Palabra Justa”. 14 de enero, 2007.
2. Análisis y recomendaciones al Proyecto de Ley No. 442, sobre la salud sexual y reproductiva. Blog “Palabra Justa”. 21 de octubre, 2008.
3. Concienciación ciudadana. Blog “Palabra Justa”. 1 de febrero de 2007.
4. Consolidación de la nación panameña y de la panameñidad. Blog “Palabra Justa”. 24 de julio, 2006.
5. Paradigmas de la sociedad panameña. Blog “Palabra Justa”. 18 de junio de 2006.
6. Perfeccionamiento de la equidad en Panamá: la Carrera Administrativa y la Ley General de Salarios. Blog “Palabra Justa”. 13 de agosto de 2006.
7. ¿Qué queremos los panameños para Panamá? Blog “Palabra Justa”. 14 de mayo de 2007.
8. Reflexiones sobre la educación intermedia en Panamá: caso del Instituto Nacional. Blog “Palabra Justa”. 5 de julio de 2008.

06 febrero 2009

Some Comments to a Michael Gerson’s Editorial Article

Mr. Michael John Gerson, Op- Ed for the Washington Post, is a well known personage in the United States who served as Chief Speechwriter and Senior Policy Advisor to former President George W. Bush, during his second period. He also belongs to the Council of Foreign Relations (CFR), considered the most influential organization orienting the United States foreign policy (it also publishes the renowned journal Foreign Affairs). He was a member of the White House Irak Group, responsible for selling or making potable the ominous invasion of Irak, to the taxpayers. Mr. Gerson also is a Christian and once -believe it or not- was considered among the 25 most influential Evangelicals in the United States. A heck of an editorial journalist… Today, he published “A Holocaust Denier at the Church Door” which I feel the obligation to comment, in boldface, after each of his article’s paragraphs.

A Holocaust Denier at the Church Door”, by Michael Gerson, February 6, 2009

I recall sitting at a Kigali restaurant with a Tutsi woman who described the death of her younger sister, a university student, during the Rwandan genocide. The girl had been given up for murder by one of her own teachers, who was a nun. The survivor across from me, previously a Catholic, had never attended church again. In the sacrifice of the Mass, she could see only the sacrifice of her sister. This is my personal and objective opinion about this point: priests, nuns, and other church representatives are, simply, humans, like ourselves, and act like that. Confronted to worst-than-animals like those of the Hutus militia, that poor nun reacted with deep terror. I recall those tragic days to humanity and wrote two articles in this blog (Terrorismo, flagelo de la humanidad, May 19, 2006; Un Mundo Realmente Feliz, May 19, 2006), inspired in this sad episode. We have to think with deep honesty what we had done, subjected to that kind of horror, if we were in their shoes. Probably the same, in order to save our own necks. The thing is that, as these religion representatives (no matter if Catholics or Protestants or whatever) react with fear sacrificing others to save themselves, I know that there were others with enough courage to sacrifice themselves to save many others. The same apply to normal citizens. I'm not justifying those actions (they are not justifiable), I'm just trying to understand them under the umbrella of human instinct. It had nothing to do with religion. For journalists like Mr. Gerson is easy to judge the actions of those people and blame religion or GOD for the atrocities that resulted from their human decisions.

Many items on the list of horribles laid at the door of religion are libels or exaggerations. But this charge -- the indifference or complicity of many Christians during the great genocides of modern history -- is one of the genuine scandals. Is Mr. Gerson an offended Jewish radical supporter? He must remember that no one is free of mistakes and errors. As Jesus said to the hypocrites in Jerusalem, almost 2,000 years ago, when they wanted to stone the adulterous woman (with whom many of them -especially the elders- had, in turn, committed adultery), to test Him: "the one who is free of sins, be the one to throw the first stone". One by one, they dismissed, profoundly ashamed (see the post Palabras Al Viento in this blog -June 26, 2006- about this beautiful biblical passage). When you spit upwards, the saliva falls over your own face (this is a bad translation of a famous popular saying). Still, many people do not comprehend the deep teaching lying under this saying...

In Hitler's Germany, Christians responded to mass murder with general acquiescence and only isolated defiance. Protestants earned the most shame. In the Evangelical Lutheran Church elections of 1932, so-called "German Christians" won two-thirds of the vote -- and later praised the fight "against the political and spiritual influence of the Jewish race." Catholic leaders were less overt in their anti-Semitism but hardly heroic in their resistance -- usually accommodating rather than confronting the Nazi regime. "Charity is well and good," said one Vatican official at the time, "but the greatest charity is not to make problems for the church." At the same time, who toppled the Nazi regime to put an end to the Holocaust? An alliance of countries who believe in GOD, no matter the orientation of their faith (Catholics, Protestants, Orthodoxy, etc.). Religions or GOD aren't responsible for the Holocaust, it is the human nature to be blamed for this tragedy or praised for the ending of that nonsense massacre. Human history is full of these episodes. Extremist Muslims have also killed thousands of innocent people in the name of GOD, but this does not mean that all Muslims are to be blamed for these crimes or that GOD approves them. Are today and future germans to be blamed for Hitler's (his troops and civilian supporters) crimes against Jews? Many hypocrites (including some political advisors) -hiding under a sheep's skin- have done the same or worst.

During the Rwandan genocide, writes Timothy Longman, "Numerous priests, pastors, nuns, brothers, catechists and Catholic and Protestant lay leaders supported, participated in, or helped to organize the killings." Two Benedictine nuns collaborated with Hutu militias in the murder of 7,000 people just outside their convent grounds. A priest participated in the burning and bulldozing of a church with 2,000 men, women and children inside. More of the same. Probably, there were heroic religion representatives as well but we don't know. Again, it's not who they represent it's their human nature, and religions or GOD are not to be blamed. At the rise of Christianity, Jews and Romans sacrificed not thousands but millions of Christians in the name of pagan gods, in the name of our true GOD or, simply, for amusement.

It is very difficult to understand how those who worship a man on a cross could help to drive the bloody nails themselves. But the record is clear: When religion is infected by racism, ideology or extreme nationalism, it can become a carrier of hatred instead of conscience. And when churches are concerned mainly with their institutional self-preservation, they often end up neck-deep in compromise or paralyzed by cowardice. Again and again: it's not difficult to understand this if we think that the actors were nothing but human beings. We have to separate religion or GOD from these acts. They were not carried out by religions or by GOD. I think that Mr. Gerson is throwing soil over religion, especially Christianity and GOD, with cheap rhetoric garbage. What dubious interests may he has behind this facade? Can he honestly speak of racism, ideology, and institutional self-preservation? These terms recall me the absurd maintenance of the economical and geopolitical hegemony of some powerful nations against hunger, misery, and lack of opportunities in the poor countries they take advantage of. Is he so ignorant, insensible or incapable to think in the right direction?

This is the historical context for the Catholic Church's recent lifting of the excommunication against Richard Williamson, a bishop of the ultra-conservative Society of St. Pius X. Williamson claimed last month, "I believe that the historical evidence is strongly against, is hugely against 6 million Jews having been deliberately gassed in gas chambers as a deliberate policy of Adolf Hitler. . . . I believe there were no gas chambers." Again: this was a very unfortunate and unjustifiable comment for a high or low ranked representative of the Catholic Church (a bishop, in this case) or from any other religion. There is plenty of evidence of Hitler's gas chambers and that it was a very well planned conspiracy against Jews, and a crime against humanity. The bishop must certainly knows well that -after GOD- all human beings are the same, no matter if they are Catholics, Protestants, Muslims, Jews, etc.. What moved him to say this? I don't know, the Catholic Church is not oriented to make public comments on this type of things because it is worst but, internally, they certainly know how to handle problems. Some journalists are like starving crocodiles waiting for fresh meat to reach their horrible and stinking muzzles. Again, Catholic Church is not to be blamed for this, for GOD's Sake! Probably, Mr. Gerson is an offended member of a USA Jewish supporting community...who is pouring his bile. Jews are not unblemished or immaculate, they also have committed very ugly crimes and abuses and, however, have been tolerated by the international community. The same for extremists Muslims or whatever religion. All of them are, simply, humans, with few virtues and many defects.

There is no reason to believe that Pope Benedict XVI has backtracked on the admirable Catholic engagement of the Jewish community under John Paul II. Benedict was obviously distressed and surprised by the Williamson controversy, using his audience last week to affirm his "full and indisputable solidarity" with Jews. This is very good! His attempted reconciliation with dissidents such as Williamson was intended to be a statement about church unity, not about Holocaust history. This is pure speculation...

But it was a large, insensitive error. The Vatican admitted that Williamson's Holocaust denial was "unknown to the Holy Father at the time he revoked the excommunication." Not only the Obama administration struggles with an incompetent vetting process. Speculation again... Pure gossip... Catholic Church, although ruled by men and women, is very ancient (almost 2,000 years old) and experienced (good and bad experiences) to commit this type of childish errors. There are strict established protocols and procedures to observe, for everything. There's an old and rich history and traditions behind this Institution...

The stakes of such failure, however, are higher for the Vatican. Christianity -- still accused by the anger of genocide survivors and haunted by the unquiet ghosts of Auschwitz and Kigali -- cannot tolerate leaders who deny the Holocaust without adding to its greatest scandal and further discrediting its deepest ideals. Bla, bla, bla... This sounds like a barricade discourse of a mediocre political leader who desperately wants to gain some protagonism or someone who wants to discredit Catholic Church due to personal and evil interests...

Benedict has ended up at the right place, demanding that Williamson recant his statements. But serious damage has been done because the wounds are so recent and the historical offense so massive. More nonsense and bla, bla, bla...

While Christian resistance to the Holocaust was rare, there were exceptions. Bernhard Lichtenberg, the provost of St. Hedwig's Cathedral in Berlin, was convicted of violating the Sedition Law after two parishioners informed on him to the Nazis (Mr. Gerson is only focused on Catholic Church and Christianity, what would his interests be?). The judge summed up his crime as follows: "On 29 August 1941, the defendant held evensong . . . before a large congregation. He closed the service with a prayer in which he said, among other things: 'Let us now pray for the Jews and for the wretched prisoners in the concentration camps.' . . . He states that he has included the Jews in his prayers ever since the synagogues were first set on fire and Jewish businesses closed."

Lichtenberg served two years in prison and died on the way to Dachau. A church dedicated to his ideals cannot be the church of Bishop Williamson. Like him, there were many other valiant Christians who save thousands of Jewish people, offering their freedom and even their lives. Mr. Gerson should know that hatred should not be confronted with hatred. That tolerance, good will and common sense should overcome religious and all types of fanatism, in order to bring a lasting peace to this world, especially the Middle East, including Israel. Intolerance and lack of concern for others are the cause of most of human disgraces…

20 enero 2009

Comentarios sobre el discurso inaugural de Barack Obama, cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos de América

Hoy, 20 de enero de 2009, ha sido un día histórico para los Estados Unidos de América y -siendo la nación más rica, influyente y poderosa- el mundo. Hoy fue juramentado, en el lado oeste del Capitolio, en Washington, su cuadragésimo cuarto Presidente, Barack Hussein Obama, primer presidente de origen afroamericano de esta gran nación.

La materialización de este hecho, el 20 de noviembre pasado, rebasó con creces la imaginación de los optimistas más acérrimos (incluso a nivel político), de los ultra conservadores y de los hombres y mujeres comunes, dentro y fuera de los Estados Unidos. Todavía muchos “eruditos” e incrédulos se preguntan, en el mundo entero, cómo llegó a la presidencia el hijo de un negro africano puro, con un nombre no anglosajón de fuertes raíces africana y árabe, abandonado por su padre biológico, criado en el seno de una familia estadounidense blanca de la clase media, nacido en un territorio insular de los Estados Unidos (Hawai), que vivió los primeros años de su vida entre esta isla e Indonesia (patria de su padrastro), con un compañero de fórmula católico y que está casado con una afroamericana pura, descendiente de esclavos.

¿Cómo se puede explicar que un hombre con estas “pobres” expectativas, hasta hace poco prácticamente desconocido en la comunidad internacional, haya logrado tan grande hazaña, ser el presidente de este país y el hombre más poderoso del mundo? Se debió a una serie de coyunturas muy especiales: 1) la impopularidad y pésima gestión del gobierno saliente, que fortaleció el deseo de cambio en todo el pueblo estadounidense; 2) la pésima elección del candidato del continuismo Republicano y su compañera de nómina a la Vice Presidencia, que representaban más de lo mismo o peor; 3) la ausencia de un candidato independiente, como una tercera alternativa; 4) el alto perfil personal y la excelente gestión de Obama en el Senado, que le valió la candidatura presidencial en las primarias Demócratas; 5) el exceso de confianza de muchos demócratas que daban por sentado un triunfo seguro de la Senadora Hillary Clinton en las primarias de este partido, como una interesante alternativa de género; 6) el exceso de confianza de los republicanos, que subestimaron la capacidad de Obama y el deseo de cambio de los estadounidenses, por encima de sus prejuicios raciales; y, 7) la sagacidad, valentía y brillantez de Barack Obama, que supo trazar -con su equipo de asesores- las mejores estrategias políticas para alcanzar el triunfo en las primarias demócratas y en las elecciones presidenciales.

El discurso inaugural del Presidente Obama fue, como todo lo que él hace, fuera de lo común. Lejos de lo esperado por la mayoría de las personas corrientes y los analistas políticos. No fue un discurso de alta retórica, de frases grandilocuentes, de gran demagogia política, de amenazas contra los países enemigos o de palabras bonitas pero superficiales y huecas. Fue un discurso muy profundo, directo al corazón y la conciencia de todos, en el que analizó la situación doméstica y dio un esperanzador mensaje a sus conciudadanos de nuevos y mejores tiempos orientados a la recuperación del país. Al mundo musulmán prometió la búsqueda de nuevas vías para resolver los problemas, en un marco de interés y respeto mutuos. También analizó la pobreza en el mundo y ofreció la solidaridad de su gestión para con los países pobres, invitándolos a trabajar mano a mano para acabar con el hambre y la falta de educación y oportunidades para una mejor calidad de vida. En torno a la política internacional mencionó el retiro de las tropas de Irak, la consolidación de la paz en Afganistán y el rechazo al terrorismo como medio para lograr fines específicos de aquellos que lo practican. Aseguró un cambio radical en la política internacional hacia una de apertura, de diálogo y respeto mutuos, sin imposiciones ni subterfugios, como ha sido la tónica en los últimos decenios, con muy contadas excepciones.

A continuación, el discurso de inauguración del Presidente Barack Obama, poco después del mediodía de hoy.

My fellow citizens:

I stand here today humbled by the task before us, grateful for the trust you have bestowed, mindful of the sacrifices borne by our ancestors. I thank President Bush for his service to our nation, as well as the generosity and cooperation he has shown throughout this transition.

Forty-four Americans have now taken the presidential oath. The words have been spoken during rising tides of prosperity and the still waters of peace. Yet, every so often the oath is taken amidst gathering clouds and raging storms. At these moments, America has carried on not simply because of the skill or vision of those in high office, but because we the people have remained faithful to the ideals of our forebears, and true to our founding documents.

So it has been. So it must be with this generation of Americans.

That we are in the midst of crisis is now well understood. Our nation is at war, against a far-reaching network of violence and hatred. Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some, but also our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age. Homes have been lost; jobs shed; businesses shuttered. Our health care is too costly; our schools fail too many; and each day brings further evidence that the ways we use energy strengthen our adversaries and threaten our planet.

These are the indicators of crisis, subject to data and statistics. Less measurable but no less profound is a sapping of confidence across our land — a nagging fear that America's decline is inevitable, and that the next generation must lower its sights.

Today I say to you that the challenges we face are real. They are serious and they are many. They will not be met easily or in a short span of time. But know this, America — they will be met.

On this day, we gather because we have chosen hope over fear, unity of purpose over conflict and discord.

On this day, we come to proclaim an end to the petty grievances and false promises, the recriminations and worn out dogmas, that for far too long have strangled our politics.
We remain a young nation, but in the words of Scripture, the time has come to set aside childish things. The time has come to reaffirm our enduring spirit; to choose our better history; to carry forward that precious gift, that noble idea, passed on from generation to generation: the God-given promise that all are equal, all are free and all deserve a chance to pursue their full measure of happiness.

In reaffirming the greatness of our nation, we understand that greatness is never a given. It must be earned. Our journey has never been one of shortcuts or settling for less. It has not been the path for the faint-hearted -for those who prefer leisure over work, or seek only the pleasures of riches and fame. Rather, it has been the risk-takers, the doers, the makers of things- some celebrated but more often men and women obscure in their labor, who have carried us up the long, rugged path towards prosperity and freedom.

For us, they packed up their few worldly possessions and traveled across oceans in search of a new life.

For us, they toiled in sweatshops and settled the West; endured the lash of the whip and plowed the hard earth.

For us, they fought and died, in places like Concord and Gettysburg; Normandy and Khe Sahn.
Time and again these men and women struggled and sacrificed and worked till their hands were raw so that we might live a better life. They saw America as bigger than the sum of our individual ambitions; greater than all the differences of birth or wealth or faction.

This is the journey we continue today. We remain the most prosperous, powerful nation on Earth. Our workers are no less productive than when this crisis began. Our minds are no less inventive, our goods and services no less needed than they were last week or last month or last year. Our capacity remains undiminished. But our time of standing pat, of protecting narrow interests and putting off unpleasant decisions — that time has surely passed. Starting today, we must pick ourselves up, dust ourselves off, and begin again the work of remaking America.

For everywhere we look, there is work to be done. The state of the economy calls for action, bold and swift, and we will act — not only to create new jobs, but to lay a new foundation for growth. We will build the roads and bridges, the electric grids and digital lines that feed our commerce and bind us together. We will restore science to its rightful place, and wield technology's wonders to raise health care's quality and lower its cost. We will harness the sun and the winds and the soil to fuel our cars and run our factories. And we will transform our schools and colleges and universities to meet the demands of a new age. All this we can do. All this we will do.

Now, there are some who question the scale of our ambitions — who suggest that our system cannot tolerate too many big plans. Their memories are short. For they have forgotten what this country has already done; what free men and women can achieve when imagination is joined to common purpose, and necessity to courage.

What the cynics fail to understand is that the ground has shifted beneath them - that the stale political arguments that have consumed us for so long no longer apply. The question we ask today is not whether our government is too big or too small, but whether it works - whether it helps families find jobs at a decent wage, care they can afford, a retirement that is dignified. Where the answer is yes, we intend to move forward. Where the answer is no, programs will end. Those of us who manage the public's dollars will be held to account -to spend wisely, reform bad habits, and do our business in the light of day- because only then can we restore the vital trust between a people and their government.

Nor is the question before us whether the market is a force for good or ill. Its power to generate wealth and expand freedom is unmatched, but this crisis has reminded us that without a watchful eye, the market can spin out of control - and that a nation cannot prosper long when it favors only the prosperous. The success of our economy has always depended not just on the size of our gross domestic product, but on the reach of our prosperity; on our ability to extend opportunity to every willing heart - not out of charity, but because it is the surest route to our common good.

As for our common defense, we reject as false the choice between our safety and our ideals. Our founding fathers ... our found fathers, faced with perils we can scarcely imagine, drafted a charter to assure the rule of law and the rights of man, a charter expanded by the blood of generations. Those ideals still light the world, and we will not give them up for expedience's sake. And so to all the other peoples and governments who are watching today, from the grandest capitals to the small village where my father was born: know that America is a friend of each nation and every man, woman, and child who seeks a future of peace and dignity, and that we are ready to lead once more.

Recall that earlier generations faced down fascism and communism not just with missiles and tanks, but with sturdy alliances and enduring convictions. They understood that our power alone cannot protect us, nor does it entitle us to do as we please. Instead, they knew that our power grows through its prudent use; our security emanates from the justness of our cause, the force of our example, the tempering qualities of humility and restraint.

We are the keepers of this legacy. Guided by these principles once more, we can meet those new threats that demand even greater effort — even greater cooperation and understanding between nations. We will begin to responsibly leave Iraq to its people, and forge a hard-earned peace in Afghanistan. With old friends and former foes, we will work tirelessly to lessen the nuclear threat, and roll back the specter of a warming planet. We will not apologize for our way of life, nor will we waver in its defense, and for those who seek to advance their aims by inducing terror and slaughtering innocents, we say to you now that our spirit is stronger and cannot be broken; you cannot outlast us, and we will defeat you.

For we know that our patchwork heritage is a strength, not a weakness. We are a nation of Christians and Muslims, Jews and Hindus — and non-believers. We are shaped by every language and culture, drawn from every end of this Earth; and because we have tasted the bitter swill of civil war and segregation, and emerged from that dark chapter stronger and more united, we cannot help but believe that the old hatreds shall someday pass; that the lines of tribe shall soon dissolve; that as the world grows smaller, our common humanity shall reveal itself; and that America must play its role in ushering in a new era of peace.

To the Muslim world, we seek a new way forward, based on mutual interest and mutual respect. To those leaders around the globe who seek to sow conflict, or blame their society's ills on the West — know that your people will judge you on what you can build, not what you destroy. To those who cling to power through corruption and deceit and the silencing of dissent, know that you are on the wrong side of history; but that we will extend a hand if you are willing to unclench your fist.

To the people of poor nations, we pledge to work alongside you to make your farms flourish and let clean waters flow; to nourish starved bodies and feed hungry minds. And to those nations like ours that enjoy relative plenty, we say we can no longer afford indifference to the suffering outside our borders; nor can we consume the world's resources without regard to effect. For the world has changed, and we must change with it.

As we consider the road that unfolds before us, we remember with humble gratitude those brave Americans who, at this very hour, patrol far-off deserts and distant mountains. They have something to tell us, just as the fallen heroes who lie in Arlington whisper through the ages. We honor them not only because they are guardians of our liberty, but because they embody the spirit of service; a willingness to find meaning in something greater than themselves. And yet, at this moment — a moment that will define a generation — it is precisely this spirit that must inhabit us all.

For as much as government can do and must do, it is ultimately the faith and determination of the American people upon which this nation relies. It is the kindness to take in a stranger when the levees break, the selflessness of workers who would rather cut their hours than see a friend lose their job which sees us through our darkest hours. It is the firefighter's courage to storm a stairway filled with smoke, but also a parent's willingness to nurture a child, that finally decides our fate.

Our challenges may be new. The instruments with which we meet them may be new. But those values upon which our success depends — hard work and honesty, courage and fair play, tolerance and curiosity, loyalty and patriotism — these things are old. These things are true. They have been the quiet force of progress throughout our history. What is demanded then is a return to these truths. What is required of us now is a new era of responsibility — a recognition, on the part of every American, that we have duties to ourselves, our nation, and the world, duties that we do not grudgingly accept but rather seize gladly, firm in the knowledge that there is nothing so satisfying to the spirit, so defining of our character, than giving our all to a difficult task.

This is the price and the promise of citizenship.

This is the source of our confidence — the knowledge that God calls on us to shape an uncertain destiny.

This is the meaning of our liberty and our creed — why men and women and children of every race and every faith can join in celebration across this magnificent Mall, and why a man whose father less than sixty years ago might not have been served at a local restaurant can now stand before you to take a most sacred oath.

So let us mark this day with remembrance, of who we are and how far we have traveled. In the year of America's birth, in the coldest of months, a small band of patriots huddled by dying campfires on the shores of an icy river. The capital was abandoned. The enemy was advancing. The snow was stained with blood. At a moment when the outcome of our revolution was most in doubt, the father of our nation ordered these words be read to the people:

"Let it be told to the future world ... that in the depth of winter, when nothing but hope and virtue could survive...that the city and the country, alarmed at one common danger, came forth to meet (it)".

America, in the face of our common dangers, in this winter of our hardship, let us remember these timeless words. With hope and virtue, let us brave once more the icy currents, and endure what storms may come. Let it be said by our children's children that when we were tested we refused to let this journey end, that we did not turn back nor did we falter; and with eyes fixed on the horizon and God's grace upon us, we carried forth that great gift of freedom and delivered it safely to future generations.

Thank you. God bless you. And God bless the United States of America.

Es, definitivamente, un mensaje de esperanza para los Estados Unidos y el mundo entero. Un mensaje de solidaridad y de respeto hacia todos los países del mundo, en el que expresa abiertamente que su gestión se apartará de la política intervencionista y en el que exhorta a los países desarrollados, inclusive los Estados Unidos, a no ser indiferentes al sufrimiento de los demás y a no acabar con los recursos naturales sin pensar en los efectos negativos que esta acción conlleva para todos.

Lo mucho o poco que Obama logre durante su corta gestión dependerá de que su equipo de trabajo se acople y pueda seguirle el paso, a la intensidad que él pretende imprimir a su gestión, con su juventud, arrojo y gran capacidad. También dependerá de que su pueblo -todo el pueblo estadounidense- le de un respaldo incondicional, un voto de confianza, a su gestión. Sin duda, habrá detractores que buscarán la mínima excusa para atacarlo con extrema rapacidad desde su primer día en la otrora "Casa Blanca", pues aún no entienden -y mucho menos aceptan- cómo fue que perdieron tan aparatosamente los comicios electorales. Al mismo tiempo, hay incrédulos y gente pesimista que ya están pensando que el Presidente Obama se ha impuesto un programa muy ambicioso para poder desarrollarlo con éxito, tomando en cuenta el país tan deteriorado que recibió de manos de su antecesor y el entorno geopolítico tan hostil hacia los Estados Unidos, que él mismo contribuyó a forjar, como protagonista principal. Ellos deben recordar que todos los grandes logros de la humanidad empezaron con un sueño y que hay que apuntar al infinito (no hacia arriba) para llegar más lejos. El Plan de Gobierno de una gestión presidencial -como cualquier plan de trabajo- no es más que una guía, una carta de navegación que traza el rumbo más seguro hacia un destino y que evita navegar a la deriva, sin rumbo fijo, con altas probabilidades de naufragar. Todas la cartas de navegación tienen alternativas que permiten variar el rumbo, en caso de presentarse situaciones o coyunturas no previstas, haciendo los ajustes necesarios para llegar a puerto seguro. Sin duda, el Presidente Obama cuenta con un excelente y esperanzador Plan de Gobierno que tendrá que ir implementando -según lo previsto- y ajustando, con base en los desarrollos que se vayan dando a lo largo de su gestión. Lo malo sería que no contara con un plan o que estuviera apuntando horizontalmente pues, así, su alcance sería muy pobre y no cumpliría las expectativas ni de los más conformistas. No obtendría logros y, en el mejor de los casos, entregaría a su sucesor un país igual o mucho peor del que recibió (lo que supondría el colapso total de los Estados Unidos, que acaba de recibir, de manos de George W. Bush, en un estado muy lamentable). Aparentemente, los detractores prefieren esto a tragarse su estúpido y pernicioso orgullo, aceptando que el país está al borde del precipicio y que se requiere del aporte desinteresado y patriótico de todos y cada uno de los ciudadanos -demócratas, republicanos, independientes, blancos, afroamericanos, latinos, asiáticos (y demás denominaciones étnicas), protestantes, católicos, judíos, musulmanes (y demás creencias religiosas), así como no creyentes- para evitar que caiga al precipicio, sacarlo de la postración en que se encuentra y llevarlo al óptimo de su potencial. Esta es una oportunidad excepcional para restañar las heridas y rencores, logrando la unificación del país. Es lo que Barack Obama planteó en su discurso inaugural al citar las palabras de George Washington, cuando la nación estaba al borde de su extinción, durante la guerra de independencia: let it be told to the future world that in the depth of winter, when nothing but hope and virtue could survive that the city and the country, alarmed at one common danger, came forth to meet it (que el mundo futuro se entere que en lo profundo del invierno, cuando solo la esperanza y la virtud podían sobrevivir que la ciudad y el país, alertados ante un peligro común, se unieron para enfrentarlo).

Que DIOS lo ayude, lo guíe, lo inspire y lo proteja para que pueda, con la participación activa y decidida de sus conciudadanos, reunificar y consolidar su país. Que los líderes políticos de todas las naciones lo ayuden a cambiar el mundo hacia uno de lleno de paz, progreso y felicidad para todos. ¿Será mucho pedir? ¿Será alcanzable este sueño? ¿Será posible acabar con la pobreza y la ignorancia a escala mundial? ¿Será posible someter los intereses políticos, económicos y religiosos al bien común de toda la Humanidad?