26 junio 2006

Palabras al Viento

(Relato que se origina en el Evangelio de San Juan, Capítulo 8)

Jesús había permanecido en Galilea un largo período pues era riesgoso ir a Judea, donde los judíos lo esperaban para matarlo, por afirmar que Él era el Mesías, el Hijo de Dios, y porque sus acciones -según ellos- se apartaban de la Ley de Moisés. Transcurría el mes de Tischri (septiembre - octubre) y la Fiesta de los Tabernáculos (de siete días de duración, del 15 al 21), estaba por iniciarse. En esta fiesta todos los varones adultos debían participar, en recordación del peregrinaje del pueblo judío por el desierto, con Moisés como guía. Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén pues, por ser una ciudad tan importante, allí se congregarían, por motivo de la fiesta, miles de peregrinos judíos de todo Israel e, incluso, gran cantidad de paganos que llegarían atraídos por el esplendor de las festividades. Aprovecharía la oportunidad para predicar y enseñar la Palabra de Dios y lograr la conversión de muchos.

El Maestro llegó a Jerusalén, de incógnito. No deseaba ser reconocido durante los primeros días de la fiesta, que había reservado para reunirse en secreto con los discípulos que residían en la ciudad, para ayudarles a perfeccionar su conocimiento de la palabra de Dios, afianzando su fe.

Al dar inicio las festividades, los judíos lo buscaban acuciosamente en todos los rincones y preguntaban por Él, para atraparlo. El origen de Jesús era el tema cotidiano obligado en todo Jerusalén. Unos decían que era un profeta y algunos, incluso, que era el Cristo. Otros, aún, lo acusaban de engañar al pueblo con Su doctrina. La confusión era grande entre la población pues muchos creían que Él era galileo de nacimiento ya que había vivido y predicado por largo tiempo en esa región, donde había realizado muchísimos y fantásticos milagros. <<Este, decían, no puede ser el Mesías pues los profetas señalaron que será del linaje de David y nacerá en su ciudad, Belén de Judea. Seguro que es otro gran profeta.>>

A mediados de la semana, desde horas muy tempranas, Jesús había regresado del Monte de los Olivos y predicaba en el Templo, a todo pulmón, enseñando Su doctrina, rodeado de una gran multitud. Su imponente presencia, por si sola, atraía la atención de los presentes, como un potente imán. Su larga túnica blanca sin costuras, su impresionante talla de armónica y felina corpulencia (poco común entre los judíos de la época), su largo cabello castaño de abundantes bucles dorados, su tupida y oscura barba, su fino y largo rostro bronceado de estrecha nariz recta, su boca de labios finos bien delineados y blanquísimos dientes, su potente mentón cuadrado y su cálida y vibrante voz, producían, en conjunto, un efecto subyugante que cautivaba e hipnotizaba la masa humana que lo rodeaba. Algo en Él lo hacía, particularmente, irresistible: era su indescriptible mirada, capaz de penetrar hasta los más recónditos rincones del alma y derretir o traspasar el más duro acero, todo al mismo tiempo. Provenía de unos grandes ojos dorados incrustados en unas cuencas hondas y alargadas y enmarcados por oscuras y largas pestañas, al abrigo de unas cejas largas y espesas. Pero, lo más extraordinario de este ser excepcional era Su Palabra, Su Doctrina, Su Filosofía. El poder de Su Palabra era tal que todos -al escucharlo- quedaban en trance y anonadados ante la magnitud de su alcance que, en no pocas ocasiones, hacía temblar los cimientos de la religión judía...

Los policías del Templo tenían órdenes de prenderlo pero no se atrevían porque el pueblo lo escuchaba con gran vehemencia. Secretamente, muchos de ellos habían sucumbido a sus palabras maravillosas…al igual que algunos Maestros de la Ley, algunos escribas y fariseos y muchos judíos, lo mismo que gran cantidad de paganos residentes o que visitaban Jerusalén por esos días.

Interrumpiendo a Jesús, un grupo numeroso de Maestros de la Ley y fariseos empujaron al centro del ruedo a una mujer joven y hermosa, sorprendida en flagrante adulterio. Con el oculto propósito de hacerlo cometer un error y acusarlo para poder prenderlo, lo tentaron diciéndole:

- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida cometiendo adulterio. La Ley de Moisés indica, claramente, que debe morir apedreada. Tú, ¿qué dices al respecto?

Jesús, conociendo sus verdaderas intenciones, se agachó recogiéndose la túnica con ambas manos y, de cuclillas, callado y con displicencia, se puso a escribir sobre el suelo suelto del pavimento, con su dedo índice derecho. Al ver que los ignoraba, los integrantes de la comitiva insistieron, presionando a Jesús.

- ¿Qué dices, Maestro? Sabemos que eres un profundo conocedor de la Ley Mosaica. ¿Cuál es tu respuesta? ¿Debemos cumplir la Ley de Moisés o perdonarle la vida a esta pecadora dando un mal ejemplo a la comunidad?

Jesús, dejando de escribir, levantó el rostro iluminado y lanzó a los judíos una intensa y dura mirada cargada de crítica, que no pudieron sostener.

- El que, de ustedes, esté libre de pecado, que lance la primera piedra - sentenció el divino Maestro, continuando, cabizbajo, con su escritura.

Su respuesta no violaba, en lo más mínimo, la Ley de Moisés; más bien, la complementaba y daba un aldabonazo a la conciencia de aquellos hombres miserables que pretendían aplicarla sin tener autoridad moral ni espiritual…Ninguno de los presentes intentó hacer cumplir la Ley. Las piedras fueron cayendo de sus manos, una tras otra…Poco a poco, los miembros de la comitiva se fueron dispersando, avergonzados, comenzando por los más viejos.

Jesús, absorto, quedó solo con la mujer que lloraba en silencio, con la cabeza baja, sin poder moverse de donde la habían colocado.

- Mujer, ¿dónde están los que te acusan? - inquirió Jesús, traspasándola con Su áurea mirada.
- Se han marchado, Señor - contestó la mujer, en una voz temblorosa, casi inaudible, sin atreverse a mirar a Jesús.
- ¿Ninguno te ha condenado, mujer? - preguntó Jesús como asombrándose del hecho.
- No, mi Señor, no me han condenado - dijo la mujer rompiendo a llorar desconsoladamente y cubriéndose el rostro con las manos.
- Pues,…Yo tampoco te condeno. Vete en paz, hija mía, y no vuelvas a pecar…

El Maestro se incorporó, abandonando lentamente el solitario lugar, dejando tras Él, un alma renovada y agradecida. Un viento gélido soplaba y las palabras que había escrito en el suelo, comenzaron a desvanecerse: Hipócritas, no solo esta pobre mujer cometió adulterio…Yo fui enviado por Mi Padre Celestial para el perdón de los pecados y para perfeccionar la Ley de Moisés mediante una alianza nueva con todos los hombres y mujeres que crean en Mi como Hijo del Altísimo...

1 comentario:

job sion dijo...

Cuando vemos este cuadro historico, lo primero que debemos hacer, es tratar de entender realmente esta situacion, ante todo hay que observar muy bien, lo que podemos notar es que, en el momento que Jesus aparece en escena en la tierra, se estaban dando situaciones muy dificiles para los judios, sobre todo entre el pueblo que seguia la ley de Moises, en estos momentos la epoca emperatriz vitalicia que existia, estaba oprimiendo al pueblo judio, mediante el poder herodiano, que dominaba todas estas ciudades, estos emperadores romanos fueron muy habiles, al principio buscaron a maestros, eruditos y sacerdotes, judios con mucho conocimiento en las costumbres y leyes judias, luego cuando lo aprendieron muy bien, no porque los romanos querian cumplir con la leyes de jehova, si no para controlar a toda la comunidad judia, como veracidad tenemos el caso de Levi, que significa Mateo, el cual era judio recaudador de impuesto, este era un hombre malo y rico quien oprimia a su propio pueblo judio, cobrandole el doble de los impuestos, tomando el la mitad para el y la otra para el gobierno romano. En medio de esta agonia por la cual los judios estaban viviendo aparece Jesus, y el pueblo judio quien clamaba a Dios, para que le liberara del imperio romano, tal y como lo habia hecho en las epocas anteriores, con los diferentes reyes en las diferentes ciudades, esperaban que Jesus fuera su lider, cabe señalar que todas esta situacion, en que se encontraba el pueblo judio, era por la desobediencia a la voluntad de Dios, pero nuestro Dios, es un Dios de misericordia, el envia a su unico hijo a la tierra, para solucionar el gran problema entre el hombre y Dios, enseñandoles la verdad, para que salvaran su alma, pero ellos creian que Dios les habia enviado un libertador como lo hizo con david, que les librara del yugo de esclavitud por el cual estaban viviendo, bajo el poder del imperio romano, es todo este embroyo politico imperial, y la cantidad de sectas religiosas, que se movian en medio de la libertad de culto, que existia en ese momento en roma, toda esta situacion mantenia a la poblacion judia muy confundida, por lo cual le era muy dificil ver claramente la solucion que Jesus traia a este pueblo, es por eso que en los versiculos siguientes el les habla que el es la luz del mundo, y que nadie debe juzgar a otra persona, por ejemplo; habian muchos que conocian muy bien la ley de Moises, pero no la vivian, solo la aplicaban a los debiles, entonces los judios que conocian bien la ley, formaron un movimiento politico, para contra-restar y manejarse sabiamente con los romanos. Lo podemos ver muy claramente, cuando jesus es acusado por los judios ante las leyes romanas, es por eso que cuando ellos se encontraban con Jesus, y lo veian sanando a los enfermos, y hablando de un plan de salvacion, ellos no entendian realmente lo que Jesus esta haciendo, es mas ellos al final lo mataron, porque ellos creyeron que jesus seria un lider politico, que les quitaria el poder que ellos tenian sobre el pueblo judio, por eso a los romanos no les interesaba este asunto, porque ellos tampoco entendian lo que es el poder espiritual, es por esto que cuando ellos llegan donde esta Jesus, siempre trataban de hacer que quedara mal, o fracasara ante los que le seguian, cuando le lleban a la mujer adultera, para que el decida sobre que hacer, vemos claramente que ya no soportaban la presencia de jesus, hoy podemos ver claramente que estos hombre tambien pecaron con esta mujer, porque ellos querian probarlo de tal manera que, si el decia que habia que matarla a pedradas, ellos eran el testimonio de su error, y si el decia que la dejaran libre tambien ellos eran los testigos, hay varias opiniones que nos dicen realmente, ¿que estaba Jesus escribiendo en la tierra?, quizas escribia los pecados de cada uno de ellos, quizas escribia los nombres de los hombres que habian estado con la mujer, quizas escribia hipocritas mentirosos, no saben que fui enviado, para perdonar los pecados al que cree en mi, no sabemos con exactitud lo que escribio, pero hay algo que nos recuerda, que delante de la verdad somos hombres desnudos, delante de Dios somos hombres desnudos, en el paraiso tenemos este ejemplo, cuando Adan desobedece a Dios, huye, se esconde, teme, esta es la diferencia de vivir en la oscuridad, y vivir en la luz, el que vive en la oscuridad no podra ver bien para juzgar , pero el que vive en luz no juzgara, porque puede ver la verdad y perdona.

Juan 14:6